El diario de la Señorita Kadbury

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– Quiero disfrutar a fondo de lo que me gusta. No quedarme con las ganas de más.

– Si bien está bueno algo de coquetería (y querer bajar 4 kgs), a la hora de cantar/tocar lo que importa es cómo suene.

– Todavía no terminó de emerger de mí lo que quiero hacer musicalmente, aunque sí a nivel laboral: sé que toca la música y la educación, pero todavía desconozco el formato que tendrá. 🙂

– Tengo que dejar de luchar con la carrera simplemente porque no voy a ejercer de crítica. Tengo que sentarme y terminarla, no queda nada y es un título que me va a servir.

– Me hace bien tirar todo lo que ya no necesito ni quiero y guardo “por las dudas”.

– Shimmy no es para mí. Pide disculpas por chat un viernes a la noche y ni siquiera puede explicar por qué se disculpa.

– El lobo todavía no me contactó. Cagón.

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Convivir con los padres (y asumo que con gente en general) es, entre muchas otras cosas, como tener espectadores de la vida de uno. Y últimamente los míos han observado con asombro y casi asco el caos de ropa, objetos, papeles, libros y demases que tengo alrededor.

Se quejan un poco, aconsejan otro poco. Intentan transmitirme lo que a ellos les sirve para alcanzar la paz: “el orden afuera ordena adentro”, dicen. Yo les explico de mil y un maneras que estoy en un proceso, que no lo puedo apurar. No es que está todo igual, hay cositas que van cambiando día a día: hoy ordené mis partituras, ayer ordené (y tiré) agendas viejas. De a poco, tal como ocurre adentro. Un día descubro que puedo un poquito más acá, a la semana me doy cuenta de que me cuesta esto otro y así.

Yo entiendo su ansiedad (y las mías), pero estoy buscando mi propio ritmo interno y focalizando en lo que de verdad necesito. Así fue como decidí dejar pilates y buscar un lugar de yoga, cuyos horarios me dejen mañanas libres para estudiar o hacer otras cosas. También me llevó a replantearme si quiero seguir con clown o no, pues si bien aprendo conceptos interesantes sobre estar frente a otros que te miran, todavía no tuve mucha posibilidad de entrenarlo y disfrutarlo (y sumemosle que tener ocupados los sábados a la tarde tampoco es lo más divertido del mundo). Por otra parte, tuve una entrevista con una genia de la macrobiótica y pedí turno con hematólogos para intentar resolver de una vez por todas mi anemia y sentirme más y más plena. De a un apunte por vez, voy avanzando con la facultad, deseosa de terminar disfrutando al máximo los últimos momentos.

En fin, en eso andamos…

En 5 minutos salgo a encontrarme con mi jefe en la productora audiovisual para ver cómo sigue mi puesto allí. Hice bastante tiempo de asistente de producción y en marzo me ofrecieron ser productora fija + un montón de otras responsabilidades. Decidí rechazar el trabajo con sinceridad: “mi foco este año y en este momento de mi vida es mi vocación, osea, en la música”. La asistencia de producción me empezó a aburrir infinitamente y empecé a sentir que perdía el tiempo ahí. Ellos también lo veían en mí y me dijeron que tal vez lo mejor será pasarme a administración.

Al estar mejor las cosas en mi casa, no siento la presión de irme todos los días ni la presión de ahorrar para poder irme a vivir sola. Sigo ahorrando en las cosas irrelevantes; en lo que es formación, no pijoteo un centavo. Canto con dos profesores distintos, en mayo piano y danza contemporánea. Todo eso dará sus frutos en el futuro, lo sé.

El lunes además de empezar danza, será la primera lección de piano y armonía que le daré al novio de una amiga, que estudió producción musical en la EMBA sin nunca ver qué era una tonalidad. Él, a cambio, me va a ayudar a mezclar mis temas y va a enseñarme todo lo que pueda.

Veremos qué le digo a mi jefe cuando me pregunte qué quiero hacer.

Hace unas semanas intenté volver a escribir. Había muchas aristas distintas por las que empezar, todas ellas teñidas de gris.

Hoy siguen sin brillar, pero de a poco las voy puliendo y estoy contenta, positiva o algo así.

Las decisiones van tomando forma, las cosas se van acomodando… a veces es cuestión de tener paciencia y confiar en que el deseo nos guiará con sabiduría.

Y ahora, en items y categorías, el status de mi vida:

  • Decisión 1: mi centro es la música. Este año me recibo de Licenciada en Crítica de Artes sonoras, pero mi foco está en hacer y hacer música. Más allá de las bandas y proyectos, individualmente estoy segura de que va por ahí.
  • Decisión 2: así como trabajar fue una fuente de salud mental en un momento crucial de mi vida, en ESTE momento significa irme del eje. Dado que mis santos padres tienen la suerte de poder bancarme (y yo tengo la suerte de tenerlos a ellos como padres), decidí postergar la total independencia en pos de profundizar mi formación.
  • (in)Decisión 3: Dudo que mi formación vaya para el lado de la Psicología. Hoy siento que va para el lado de la docencia en la música.
  • Decisión 4: estoy a dieta hace una semana y media. No es una dieta muy estricta: es muy balanceada y me ayuda a organizarme. Hace casi un mes que retomé pilates y me estoy dejando el pelo largo. Quiero estar contenta con mi imagen y eso también se plasma en que estoy buscando un estilo más personal y adecuado de vestir. ¡Hasta los muebles adapté a mi nuevo ser! Se vienen las fotos.
  • Decisión 5: después de muchos histeriqueos con el compañero de trabajo (hoy, incluso, me invitó al cine: dijo que me llamaba al salir de la facultad y nunca lo hizo) me cansé. Si en algún momento se da, se da… mientras, soledad.
  • Decisión 6: invocar o hacer el daimoku me está haciendo super bien. Una vez por semana voy a lo de mi profesor de canto a invocar en grupo. Me gustaría sumarle una invocación más.
  • Decisión 7: hago más por placer y menos por compromiso.

En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.

Desde muy chica convivo con una sensación horrible: cada tanto me siento prisionera de mi propia vida.

Me desagrado en más de un aspecto, gran parte de lo que hago me resulta una jaula.

Lo que me fue liberando, poco a poco, fue el arte. Primero con unas clases de piano y música a cargo de un profesor divino, después con unas de canto con otra profesora… Convivían en mí dos partes: una que apostaba a ese crecimiento interior, a ocupar todo mi espacio; y otro que seguía en la jaula por temor. Eso frenó un poco tanta apertura.

En el 2010, el trabajo, la crisis familiar, la angustia personal me intoxicaron y me enjaularon aún más. Perdí esa liviandad que había ganado con esos años de música, yoga, liberación.

Quiero cantar más y más y empezar a dar clases, pero no me siento capacitada para hacerlo si yo misma desaprendí ese juego.

Entonces establezco una meta bastante abstracta para este 2011: no perder ese camino de liberación, buscar día a día deshacerme de las trabas propias y ajenas, vivir la vida tal como la quiero vivir.

 

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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