El diario de la Señorita Kadbury

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Ayer tras dos intentos fallidos, le mandé un mensaje al uruguayo diciéndole que cruzaba el charco. Nunca me lo respondió.

Hoy fui a trabajar, medio a regañadientes, pero al final del día pasó algo. No quiero titularlo ni encasillarlo en nada porque en realidad solo fue una linda conversación a la tarde.

Ya sé que puede parecer como “Ay, esta chica no para de buscarse chongos… que se calme porque si no, no van a aparecer” y que puede parecer que flasheo por todos lados y con cualquier persona con pito que me hable (y sin pito también).

Lo cierto es que hoy yo me quedaba hasta tarde a cerrar y él se sentó. Le ofrecí unas medialunas que había traído el chico que daba el taller en nuestra oficina (y por el que me tenía que quedar). Y empezamos a compartimos historias, filosofías (muy similares), videos, hasta le mostré unos ensayos grabados con mi guitarrista. Y cuando mencionó la palabra “virilidad” al decir que para él no pasaba por la competencia con otros hombres, me corrió un escalofrío.

Cuando nos despedimos en el colectivo, luego de un silencio suyo y una confesión un poco ridícula mía con respecto a nuestro trabajo, también sentí algo.

Uf… Creo que me va a hacer bien irme mañana, para dejar esto fluir y que no me queme la ansiedad.

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Evité concientemente el tema del chico que no comprendo porque en algún punto me duele. El sábado que fumos al festival de Jazz, terminó yendo con un amigo. Como soy testaruda, fui con ellos dos y otros amigos suyos a una fiesta. Ahí todos menos él me tiraron onda.

Me comporté como una dama divertida, me trajo a casa, hablamos de quizás juntar su grupo de amigos con mi grupo de amigas para hacer una escapada a la costa antes de su partida a Nueva Zelanda.

Dos de los 3 me buscaron en FaceBook e incluso uno me invitó a salir. A lo que respondí que no: “no sé si te diste cuenta, pero me gusta un poco tu amigo”. Quedó en averiguarme sutilmente qué onda.

El lunes fuimos a tomar un café, invitó él. Vuelvo a casa y el amigo que me había invitado a salir me dice que le preguntó y que la respuesta fue “es linda, pero no le doy”. El amigo vuelve a invitarme a salir y le digo que no.

Hoy de vuelta no entiendo: me llama y me dice “Estoy a la vuelta de tu casa, por ir a una fiesta, ¿querés venir?˝. Yo tenía otra fiesta y terminó viniendo él a la mía, con 2 amigos (uno que ya conocía y uno nuevo). El nuevo se queda charlando conmigo, me pide el celular y hasta intenta darme un beso. Lo esquivo.

Creo que no hay dudas: este chico “simplemente no me quiere” de la misma manera que yo a él. O quizás sí pero como se va de viaje, prefiere que no pase nada.

Habrá que seguir esperando. Y dudando.

Hace ya unos meses que me revolotea un chico por la cabeza. El día que lo conocí, hace como 4 años, me pareció atractivo. Si bien nos cruzamos alguna que otra vez en fiestas y después en la facultad (estudia cine en la misma sede que yo), nunca pasó nada.

Chateamos varias veces y desde hace unos meses que nos empezamos a ver. Un día fuimos a tomar un café y me pareció demasiado genial para mí. No hablamos por un tiempito. Después tomamos otro café y dije “este chico está mal de la cabeza, pero quiero que sea mi amigo y quizás mi socio para proyectos audiovisuales”. Después de eso, fuimos a andar en bici y hablando bajo el sol, me volvió a parecer atractivo. A los pocos días, me contó que había conocido una chica que le rompía la cabeza pero que no se quería enamorar porque se iba de viaje (pero no hablaba de mí). Desde ahí, dejó de interesarme un poco pero me seguía llamando para hacer unos cursos de meditación, para ir a andar en bici, etc.

Vino a verme cantar, me volvió a hablar de la chica en un momento, de su viaje. Pero tampoco me la nombra mucho ni quiere dar detalles. No entiendo.

Hoy vamos a ir al Festival de Jazz de la ciudad juntos (me anoté en el workshop de canto: ¡un verdadero placer! Ya contaré con detalles). Veremos qué pasa con este muchacho.

En estos últimos años reaprendí algunas cosas fundamentales sobre cómo quería vivir mi vida. Voy a intentar compartilas, quizás a algunos les resulten obvias o incluso erradas, pero cualquier comentario es bienvenido.

  • Sobre cómo usar mi tiempo.

Antes. Llegaba marzo y yo empezaba a enloquecer. Quería saber cómo iba a ser todo mi año: horarios, presupuesto, actividades extracurriculares. Quería saber todo, organizar todo en función de algún resultado final ya fuera laboral o personal. Quería saber qué futuro me estaba preparando. Cada decisión tenía que ser la correcta, no me permitía equivocarme. No podía desperdiciar tiempo (ni dejar huecos libres en la semana.

Ahora. Movida por mi instinto y necesidad del momento, me permito ir probando, cambiando. Algunas cosas hay que definirlas porque no queda otra, como la facultad; pero las demás las voy amoldando a cada circunstancia.

  • Sobre cómo elegir

Antes. Como dije en el punto anterior, las actividades se elegían mayormente en función de un resultado final. Todo debía tener un para qué, ser un camino a la perfección. Aquello que no condujera a una determinada perfección, no tenía sentido.

Ahora. Ayer probé una clase de entrenamiento corporal y exploración del cuerpo, dictado por una bailarina y coreógrafa muy reconocida de Buenos Aires. El grupo, de unas 40 personas, cuenta con muchísimos bailarines profesionales. Por suerte, la profesora abre el espacio a “gente común”, para que podamos conectar con nuestra materialidad, nuestra sensibilidad, en movimiento. La Señorita de antes hubiera decidido no ir: no quiere ser bailarina, no va a ser tan buena como los demás, ¿para qué?. Pero la Señorita hoy quiere abrir esos canales, quiere descubrir, dejarse llevar. Quiere disfrutar y aprender. Probablemente no sea “tan buena” como los demás, pero está dispuesta a entrar en ese camino de conocer las posibilidades de su cuerpo y está comprometida con la causa. Además, la va a ayudar a bajar unos kilitos y tonificar las zonas problemáticas (guiño guiño).

  • Sobre cómo vivir lo cotidiano.

Antes. Yo pensaba que uno estaba irremediablemente destinado a continuar los hábitos cotidianos de su familia. Desde la alimentación hasta el modo de caminar, pasando por la decoración de su casa, sus ejercicios, los sentires.

Ahora. Quiero vivir conectada conmigo misma. Quiero disfrutar de prepararme la cena, de lavar los platos. Sé que puedo elegir qué comer, ampliar mi paladar y apostar por la cocina saludable. Quiero mi propio espacio, mis tiempos, mis silencios.

  • Sobre mi misión en la vida

Antes. Yo creía, fruto de mis buenas notas en la secundaria, que había venido a esta vida para resaltar, para marcar una gran diferencia. Engreída yo, claro está. Creía que tenía que encontrarle un gran sentido, un objetivo específico para cambiar el mundo. (¡Qué omnipotente! ¡Cuánta exigencia me generaba!)

Ahora. Creo que bajé la exigencia: vine a esta vida a aprender varias lecciones, a disfrutar. Mi aporte será un granito de arena y con eso ya es bastante. Mi trabajo, mi tiempo, mi vida la dedico a una búsqueda personal que puede o no llegar a favorecer a los demás. De todos modos, creo que si uno está en paz consigo mismo, colabora a la paz general.

 

(Me hace feliz saber que) Continuará

Hay días como hoy que cuando ya estoy en casa, por meterme en la cama a ver un capítulo de Six Feet Under en cuevana (voy por la cuarta temporada… emitida en el 20o3/2004), me siento realizada. Quizás no pude hacer todo lo que había planeado para hoy, pero sí quise hacer todo lo que podía.

Amanecí tomando un café con un amigo con quien compuse mi única canción allá por el 2007. Está por terminar la carrera de cine y quiere juntar dinero para financiar su corto-tesis. Entonces, me propuso tocar en vivo algunas veces y cobrar entrada. Ni él ni yo recibiríamos más que un incentivo para juntarnos a componer y a armar lindos covers. (Acá van algunos ejemplos)

Después fui a canto pedaleando en mi bicicleta bajo el sol. Clase muy linda, volví y almorcé con mis viejos por el cumpleaños de mi papá. Apenas terminamos, tuve que ir a trabajar. Hoy me quedé hasta más tarde para cerrar ($$ extra por quedarme más). Mi idea era aprovechar ese tiempo para hacer unos trabajos para la facultad… pero decidí descansar un poco después de tanto trabajar.

Ahora me voy a ver el capitulito y ni pensar en el mail mala onda que me tiró el ex-nuevo chico, luego de que le comuniqué que había decidido no vernos más.

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Hacía tiempo que no tenía un día tan bueno como el de hoy. Quizás arranqué con otras ganas porque sabía que me esperaban cosas placenteras, o quizás directamente me tocaba día bueno.

A pesar de la lluvia, me levanté temprano. Fui a canto a vocalizar y grabar unas voces para una muestra que estamos armando. Con tres compañeras estamos armando una versión de Mr Sandman (insertada a continuación). Quedamos tan contentas (contentos, en realidad: el profesor incluído) que se nos ocurrió preparar un repertorio para eventos con todas canciones dentro del estilo.

Más tarde, fui a lo de mi bajista a grabarle otras voces para un disco de covers que le está armando a su novia (es un dulce de leche). Aunque los resultados no fueron los mejoooooooores, fue positivo porque nos motivó a seguir estudiando y mejorando.

Creo que esto es lo que quiero hacer. Quiero cantar, hacer música, armar música. Tengo curiosidad de otras cosas, claro, pero el foco de mi actividad o de mi felicidad para por ahí.

(Y por producir audiovisuales, quizás.)

Si hay algo por lo que NO me caracterizo, es por saber armar jugadas a largo plazo. Siempre pierdo al jugar a las damas. Soy malísima anticipándome a los efectos dominó de mis acciones.

Así ocurrió esta noche.

Voy a un recital de un chico que me gustaba hace mucho tiempo. Como me anotó en la lista para entrar sin cargo,  supuse que quizás había alguna otra intención, luego de numerosas obviedades mías a lo largo de estos últimos años.

La amiga acompañante decidió no darle más de 25 minutos de changüí post-show para que viniera a saludar. Como eso no ocurrió, nos fuimos. Yo un poco cabizbaja, tratando de que no fuera aún el momento de regresar a casa.

Una amiga a la que había pasado a visitar horas antes me dijo que se le había llenado la casa, que si quisiera sumarme al montón que fuera.

A mi acompañante no le entusiasmó mucho el plan y así fue como en un santiamén quedé rodeada de gente de Río Gallegos, con sus anécdotas y regionalismos que me excluían.

Un solo chico me pareció más o menos lindo, pero no entendía si estaba con una de las chicas o no. Decido irme en taxi, como buena pequebú que soy, y en la puerta él dice que va para el mismo lado.

Al principio, él manejaba la charla y, como noté un mínimo interés, me rebalsé hablando y contando detalles. El muchacho se baja y cuando estoy llegando a casa decido preguntarle al taxista su opinión. “Yo soy turco, me va bien con las mujeres”, empezó, “y me parece que estaba todo bien pero quizás para otra cosa.” Mi no entender. “Claro, que quizás a él le daba para estar una noche y después ver qué onda. Estaba claro que vos estabas dispuesta” “Entregada, querrás decir” “Bueno, no quería ser tan obvio, pero sí. Igual está bien, si algo te gusta, tenés que decirlo.” “Pero garpa más el misterio, ¿no?” “Y, un poco. Desconcierta que te dejen sin saber.”

Si hubiese sido un poco menos bocona, probablemente el chico hubiese quedado más interesado. Ahora no sé qué chances tengo de que vuelva a aparecer. Creo que nulas. Por ansiosa.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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