El diario de la Señorita Kadbury

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Donde estuve, donde estoy, donde quiero estar. ¿Dónde? La magnitud del universo…… pensar en la multidireccionalidad de mi cuerpo y mi ser.

Diciembre concluyó en Tigre, al día siguiente de conocer a una persona muy bella que mutó de posible amor a chongo a actual alumno de canto.

Enero fue caótico, cansador… y la novedad: mi profesor de canto me derivó a uno de sus alumnos (este vino primero que el que nombré más arriba).

Febrero se acomodó un poquito, pero hubo golpes fuertes: enfermedades, despedidas, desilusiones.

Marzo comenzó cabreado, desorientador. Ya casi a su cierre, viene con todo, hermoso a su manera. Cosas que se acomodan y que se entienden, palpan, viven… Como algo natural. Cosas a afrontar siempre hay y habrán, y la flexibilidad y energía para superarlas también se ejercitan. En eso estamos.

Hoy rendí mi último parcial de la carrera. Solo me quedan 3 trabajos/monografías por entregar y termino. La sensación es rarísima. Estuve todo el fin de semana triste, sintiendo bronca conmigo misma por haber desestimado mi deseo hace ya algunos años. Ayer, entre lágrimas, me pedí perdón y me perdoné. Entendí que toma tiempo juntar coraje y que es una alegría haber entendido para dónde encarar mi búsqueda.

A modo de homenaje y agradecimiento, acá comparto un discurso magnífico (muy relacionado con lo de arriba) que dio Steve Jobs, creador de las computadoras MAC , y que a mí me sirvió mucho.

Cambiando de tema, este fin de semana veo al Lobo, supuestamente. Estoy tan tranquila con la decisión que me sorprendo a mí misma. Sí, sé que corro riesgos de engancharme de vuelta… pero también corro el riesgo de pasarla bien un rato.

Por ahora, solo me voy a acostar en la oscuridad a escuchar el último disco de bjork online desde este link –> http://www.npr.org/player/v2/mediaPlayer.html?action=1&t=1&islist=false&id=140926565&m=141048285

 

 

 

 

 

 

De chiquita, mis papás me llevaban mucho a ver obras de comedia musical, escritas y dirigidas por Hugo Midón. Este hombre increíble marcó a un par de generaciones con canciones que hablaban de cosas que aún hoy resultan profundas.

Evidentemente, algo de eso perdura en mí y más vale tarde que nunca, estoy convencidísima que esta me habla a mí.

Lo canta una princesa, de quien se espera mucho y de lo que quiere, poco se le pregunta. Los primeros 00:50 son instrumentales. Tienen permiso para adelantarlo.

Que la disfruten. Y si en algún momento reponen las obras, recomiendo enormemente ir a dejarse llevar por historias simples de valores fuertes.

– Quiero disfrutar a fondo de lo que me gusta. No quedarme con las ganas de más.

– Si bien está bueno algo de coquetería (y querer bajar 4 kgs), a la hora de cantar/tocar lo que importa es cómo suene.

– Todavía no terminó de emerger de mí lo que quiero hacer musicalmente, aunque sí a nivel laboral: sé que toca la música y la educación, pero todavía desconozco el formato que tendrá. 🙂

– Tengo que dejar de luchar con la carrera simplemente porque no voy a ejercer de crítica. Tengo que sentarme y terminarla, no queda nada y es un título que me va a servir.

– Me hace bien tirar todo lo que ya no necesito ni quiero y guardo “por las dudas”.

– Shimmy no es para mí. Pide disculpas por chat un viernes a la noche y ni siquiera puede explicar por qué se disculpa.

– El lobo todavía no me contactó. Cagón.

No me permitas dejarme convencer por mis miedos. No me permitas ceder a sus pedidos de inactividad.

No me permitas olvidar que todo intento es valioso. No quiero olvidar que aprender puede ser un gozoso desafío.

No me dejes caer junto a esas voces que dicen “no puedo” y que si algo llega a quitarme el sueño, que sea el deseo a mejorar y no la tortura por el error.

Dame la fuerza para vencer todas esas excusas y enseñame a fluír.

Chau, Julio. Te suelto con tantos libros y apuntes que mandé a volar.

Te dejo ir, acompañado por el dolor del desencuentro.

Te dejo ir, quedándome con todas esas certezas que pude encontrar.

Ciclos que se cierran y otros que se abren. Apenas meses para terminar la carrera, sabiendo que la verdadera formación aún busca, hambrienta y alegre, fresca. Los preconceptos y cuentitos ya no me importan, e intento elegir desde la libertad más profunda. Ser lo más yo posible.

Soy feliz. Y agradezco a estas pequeñas llavecitas que se fueron abriendo para enseñarme a percibir. Y agradezco estar aprendiendo a quererme, a confiar en el más allá, estar preguntándome cómo puedo aportar… y agradezco no perder las ganas de vivir nunca.

Los primeros tres sábados de junio falté a un taller de experimentación fono corporal al que asisto desde abril. Levantarse un sábado a las 10 de la mañana no es fácil, pero tampoco imposible.

Excusas siempre es fácil encontrar: el cansancio, la comida de anoche, las obligaciones académicas. Pero la verdadera razón era otra. En ese espacio empecé a toparme con mis propias barreras, desafíos que se sienten inmensos pero así de necesarios para ser plenamente yo. Para ser lo que necesito y quiero ser.

El sábado pasado me obligué a ir. Me empujé como hacía mi mamá cuando me daba miedo ir a natación. Yo casi que lloraba, pero una vez en el agua era feliz.

Y algo parecido sentí el sábado. Al estar ahí percibí con claridad que ese es el lugar que tengo que entrenar, animarme a saltar esas barreras o en principio observarlas.

De eso se trata este videíto que me encantó:

Seguramente haya otras áreas de mi vida donde todavía no me esté animando a crecer. Pero me tengo fe.

La contrapartida de estar tan segura con lo que quiero hacer es que tengo muchísima resistencia a hacer cosas que NO quiero hacer. Tal es así que todavía no entregué ninguno de los cuatro trabajos que me dieron para hacer en una materia de la facultad. Claro que como es el trayecto final y somos pocos, son más que pacientes con nosotros… lo cual no hace sino acrecentar mi vagancia.

Si bien en un momento tenía la excusa de que “era mi único espacio de rebelión” porque estaba sobrepasada de laburo y cosas musicales, ahora ya no tengo más que echarme la culpa a mí. Sin embargo, hoy a la mañana cuando me levanté me lo propuse: hoy tengo que hacer los trabajos. Por ahora hice uno, del que estoy bastante orgullosa. La consigna era escribir una crítica a partir de una anécdota. Espero haberlo logrado.

Me gustó tanto que empecé a pensar que tal vez no estaría mal postularme como crítica para algún medio, sin por ello perder mi centro en la música. Pero aún me faltan 3 consignas más y un asbtract para presentarme en unas jornadas estudiantiles. La fiaca tira.

Ahora me voy a ir a meditar. ¿Podré a la noche lograr lo autoprometido? Con convicción digo SÍ.

Esta semana amaneció rara. Por empezar, me levanté antes de las 8 AM para ir a una reunión a la productora con los chicos que están armando el soft. Ahí me enteré que el padre de uno de mis compañeros había fallecido esa misma mañana. Absolutamente todos estábamos conmocionados: con apenas 53 años, el papá del chico que se encarga de lo administrativo no se había levantado de la cama. Padre nombrado en una de cada cinco frases de nuestro compañero.

Eso significó que después de esa reunión me quedara hasta el mediodía resolviendo algunos asuntos administrativos y ejecutivos.

Mi idea era, después de almorzar en casa, terminar algunos trabajos prácticos que vengo debiendo para la facultad e ir a probar una clase de danza, pero el cansancio me ganó y dormí una siesta de cuatro horas.

Me levanté con tiempo más que suficiente para prepararme. Ordené todo mi escritorio, puse a hervir agua para el mate y ahí llegó: mi primer alumno de piano y armonía. Mis conocimientos no son muchos, pero son lo que él necesita: años de clases de batería y con un terciario en producción musical en la EMBA, él no tiene idea de acordes ni tonalidades ni armonía. A cambio de ser mi conejillo de indias absorviendo conocimiento, me va a enseñar a usar un programa para hacer bases rítmicas digitales en vivo y a mezclar mis temas.

Me sentí tan bien. La docencia y la música son cosas que me encantan y juntas aun más. El proceso que se dio de Abril del 2010 a ahora fue bastante interesante: pasé de detestar no saber qué hacer de mi vida (o de cambiar de idea cada 3 días), a aceptar mi condición de incertidumbre a, finalmente, vislumbrar con felicidad cierto camino posible.

En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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