El diario de la Señorita Kadbury

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Convivir con los padres (y asumo que con gente en general) es, entre muchas otras cosas, como tener espectadores de la vida de uno. Y últimamente los míos han observado con asombro y casi asco el caos de ropa, objetos, papeles, libros y demases que tengo alrededor.

Se quejan un poco, aconsejan otro poco. Intentan transmitirme lo que a ellos les sirve para alcanzar la paz: “el orden afuera ordena adentro”, dicen. Yo les explico de mil y un maneras que estoy en un proceso, que no lo puedo apurar. No es que está todo igual, hay cositas que van cambiando día a día: hoy ordené mis partituras, ayer ordené (y tiré) agendas viejas. De a poco, tal como ocurre adentro. Un día descubro que puedo un poquito más acá, a la semana me doy cuenta de que me cuesta esto otro y así.

Yo entiendo su ansiedad (y las mías), pero estoy buscando mi propio ritmo interno y focalizando en lo que de verdad necesito. Así fue como decidí dejar pilates y buscar un lugar de yoga, cuyos horarios me dejen mañanas libres para estudiar o hacer otras cosas. También me llevó a replantearme si quiero seguir con clown o no, pues si bien aprendo conceptos interesantes sobre estar frente a otros que te miran, todavía no tuve mucha posibilidad de entrenarlo y disfrutarlo (y sumemosle que tener ocupados los sábados a la tarde tampoco es lo más divertido del mundo). Por otra parte, tuve una entrevista con una genia de la macrobiótica y pedí turno con hematólogos para intentar resolver de una vez por todas mi anemia y sentirme más y más plena. De a un apunte por vez, voy avanzando con la facultad, deseosa de terminar disfrutando al máximo los últimos momentos.

En fin, en eso andamos…

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Estos días me siento un poco apagada. Siento que la vida me pasa por encima como un camión y yo intentando disfrutarla aunque sea un poquito, buscando maneras para aprender algo cada día, profundizar algo, mejorar algo del mundo que me rodea.

No sé si es el calor, la pancita que no se va (y menos si hace 2 semanas que no salgo a correr), los planes del verano y del año que son tan difusos…

No sé si son los sentimientos encontrados que me genera todo con mi madre en particular y ella junto a mi padre en general. No sé si es la necesidad de irme a vivir sola y los 60.000 miedos (y dificultades) que implica.

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!

Este año hice desastres. La angustia por todas las distintas situaciones me hicieron engordar. Encima, por todos los cambios de trabajos, los horarios raros y mi vagancia no tuve constancia con ninguna actividad física.

Hace 3 semanas que estoy yendo a correr, pero eso no alcanza. Necesito dieta e internarme en un gimnasio. No quiero ser perfecta: solo tener menos panza y piernas un poco más tonificadas y no tan redondas.

Creo que por eso me siento con el autoestima baja y le huyo a tener relaciones sexuales con distintas personas.

A ejercitar urgente e ir a la psicóloga, que por suerte volvió de viaje.

Pasó casi un mes desde la última vez que escribí. Quizás estaba saturada de emociones como para desmenuzar una a una y compartirlas.

Prometo no dejar pasar más de 3 días sin escribir.

A ver, recapitulemos un poco.

Emocionalmente aún no estoy bien… es un momento complicado a nivel familiar y personal.

Cada vez más decidida: quiero dedicarme a la música y a la composición. Quiero cantar. Ahora el tema es cómo llegar a eso.

Voy a terminar la Licenciatura por cuestiones prácticas: es más fácil acceder a ciertos beneficios como becas, posgrados y la libertad del cuestionamento de los padres.

Chongos pasaron y pasarán. Una tarde revivió el fulgor con aquel compañero de la secundaria a quien nunca consideré más que eso. Ahora hay otro con el que salgo, pero aún no concretamos nada.

Empecé a ir a correr. Estoy un poco gordita y panzona, pero desde que corro me siento mucho mejor anímicamente. ¡Bien por mí!

 

Ya iré ampliando un poco más…

Si hay algo por lo que NO me caracterizo, es por saber armar jugadas a largo plazo. Siempre pierdo al jugar a las damas. Soy malísima anticipándome a los efectos dominó de mis acciones.

Así ocurrió esta noche.

Voy a un recital de un chico que me gustaba hace mucho tiempo. Como me anotó en la lista para entrar sin cargo,  supuse que quizás había alguna otra intención, luego de numerosas obviedades mías a lo largo de estos últimos años.

La amiga acompañante decidió no darle más de 25 minutos de changüí post-show para que viniera a saludar. Como eso no ocurrió, nos fuimos. Yo un poco cabizbaja, tratando de que no fuera aún el momento de regresar a casa.

Una amiga a la que había pasado a visitar horas antes me dijo que se le había llenado la casa, que si quisiera sumarme al montón que fuera.

A mi acompañante no le entusiasmó mucho el plan y así fue como en un santiamén quedé rodeada de gente de Río Gallegos, con sus anécdotas y regionalismos que me excluían.

Un solo chico me pareció más o menos lindo, pero no entendía si estaba con una de las chicas o no. Decido irme en taxi, como buena pequebú que soy, y en la puerta él dice que va para el mismo lado.

Al principio, él manejaba la charla y, como noté un mínimo interés, me rebalsé hablando y contando detalles. El muchacho se baja y cuando estoy llegando a casa decido preguntarle al taxista su opinión. “Yo soy turco, me va bien con las mujeres”, empezó, “y me parece que estaba todo bien pero quizás para otra cosa.” Mi no entender. “Claro, que quizás a él le daba para estar una noche y después ver qué onda. Estaba claro que vos estabas dispuesta” “Entregada, querrás decir” “Bueno, no quería ser tan obvio, pero sí. Igual está bien, si algo te gusta, tenés que decirlo.” “Pero garpa más el misterio, ¿no?” “Y, un poco. Desconcierta que te dejen sin saber.”

Si hubiese sido un poco menos bocona, probablemente el chico hubiese quedado más interesado. Ahora no sé qué chances tengo de que vuelva a aparecer. Creo que nulas. Por ansiosa.

Hoy me encontré para una bicicleteada con mi primer gran amante allá por el 2006 -hubo otros antes, no tan memorables-, que ahora está ¡casado!

Resumen de la historia: Fines de la secundaria, abuelos se van de vacaciones y le dejan el depto al nene, noches pasionales y mucha diversión. Viajes varios, proyectos poco compatibles, separación definitiva de una historia que no llegó a ser del todo. Muchacho hace grandes travesías por el mundo, vuelve, conoce a estadounidense hermosa, se va con ella unos meses a visitar su país natal; decide quedarse allá, casándose para tener la green card.

Me entero que va a venir de visita a Bs As, mail va-mail viene. Quedamos para bicicletear el miércoles.

Ese día, todo me viene en contra al punto de que empiezo a sospechar que no se va a dar: la cadena de mi bici se enrolla de una manera rarísima, se me hace tardísimo y siento que él no va a estar cuando yo llegue.

Cuando estoy a 6 cuadras del punto de encuentro, me pasa por el costado un chico DIVINO: borcegos docmartens rojos, pantalon a cuadritos chiquitos blancos y negros, remera con onda, casco. Dije “¡me enamoré!”. Obviamente su velocidad era mucho mayor que la mía, por lo que agradecí cuando él frenó en el semáforo en rojo. Me pongo al lado para mirarlo de frente y me dice “disculpá, ¿sa… ¡SRITA!” Era él, obviamente. Abrazo, abrazo. “¡Qué locura encontrarte así!”

Fue una hermosa tarde. El clima acompañó una charla que no lograba ser relajada pero no por eso era falsa, un reencuentro indefinible.

Que me dejó con ganas de más.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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