El diario de la Señorita Kadbury

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En la fiesta de año nuevo me crucé con otro de los damnificados2010 que me hizo saber su resentimiento. Hermosa manera de empezar el ciclo. Así que decidí que el festejo sería del primero de enero al segundo.

Fuimos a un cumpleaños donde me topé con alguna que otra persona interesante pero opté por ir a lo de “no-soy-solo-una-cara-bonita“, que me consiguió aquel segundo bar donde toqué con mi guitarrista.

Todo esto son disgresiones pues lo interesante ocurrió el viernes a la tarde: en medio de un prolífico ensayo con mi guitarrista, decidí mandarle un mensaje al chico que venía invitándome a salir después de que yo lo abordara en una fiesta.

Ayer lunes nos vimos. Le expliqué que venía evitando contactos con chicos porque tuve un año complicado y no tenía ganas de nuevas facturas sin haber pagado las anteriores.

Me escuchó, creo que me entendió, me sorprendió, me besó, me sonrió. Todavía no puedo definir si me gusta o no, pero sin duda lo quiero volver a ver.

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Hacía bastante tiempo que no despertaba un domingo con una noche de sexo para contar.

El hippie con el que estuve en mi oficina el día de la fiesta me invitó a ver su obra de teatro. Llegaba tarde entonces decidí pasarlo a buscar cuando terminaba.

Empezamos a caminar y hablar de la vida. Chico de San Isidro que no se conforma con los modelos establecidos, que quiere juntar herramientas para viajar por el mundo y poder vivir en cualquier lado. Ya lo hizo con los malabares por parte de América del Sur. CUERPAZO. Dulce a más no poder, gracioso, personaje.

Mis viejos hicieron una escapada este finde, así que lo invité a casa, tomamos una cerveza mega hiper abrigados en la terraza hasta que se largó a llover. Lo mostré unos temas míos en el piano (con muchísima torpeza de mi parte) y empezamos a besarnos. Fuimos a mi cuarto, empezó a desvestirme y besarme y terminamos lo que habíamos empezado en la fiesta. Dormimos abrazados.

Hoy pienso en anoche y me veo un poco fría, pero sincera. Muy tranquila, sin tratar de agradar. Escuchando todo lo que él decía, compartiendo gran parte de sus inquietudes. Fue una postura atípica, pero muy relajada.

¿Será que me durmieron el corazón? ¿Será que mis sensaciones por el otro chico aniquilan cualquier nueva posibilidad? ¿Será que estoy creciendo?

A la vuelta de mi segunda clase de piano con un nuevo profesor, caminé algunas cuadras. El solcito de la tarde se colaba por entre los edificios de Palermo, la calle estaba tranquila. En un pasaje, veo en la vereda de en frente a uno de mis jefes (uno que es todo alto y grandote, pero con un corazón tan dulce) caminando de la mano con su mujer.

En estos últimos días, se estuvieron abriendo muchas puertas hacia el sector masculino. Invitaciones decentes (“¿vamos a andar en bici uno de estos días?”), miradas candentes, propuestas indecentes (“llamame y te venís a casa a tomar unos mates… o un whisky”), actividades poco decorosas en espacios poco apropiados (besos y más en la fiesta de fin de año en la oficina). Todo eso puede pasar, ser divertido, alegrarme y producirme emociones, pero al ver a mi jefe con su mujer descubrí lo que realmente hay detrás de todo eso. En el fondo, todos buscamos a alguien con quien podamos pasar un feriado y disfrutar de no hacer nada en su compañía.

Se acerca fin de año y empiezo a armar el balance anual. Es inevitable revisar todo lo que pasó.

Para resumir, podría decir que este año toqué fondo con toda la depresión de mi vieja. Pero no fue del todo negativo porque me empujó a diferenciarme aún más de ella y focalizar más en mi vida.

Con todas las cosas, el año tiene su brillo: empiezo diciembre con convicción, segura de que lo que quiero hacer es cantar y hacer música. Tomando clases de piano con un nuevo profesor, focalizando en las composiciones y en la posibilidad de grabar un demo semi-profesional en el verano, buscando nuevas fechas…

Y eso me llena de felicidad.

Este año hice desastres. La angustia por todas las distintas situaciones me hicieron engordar. Encima, por todos los cambios de trabajos, los horarios raros y mi vagancia no tuve constancia con ninguna actividad física.

Hace 3 semanas que estoy yendo a correr, pero eso no alcanza. Necesito dieta e internarme en un gimnasio. No quiero ser perfecta: solo tener menos panza y piernas un poco más tonificadas y no tan redondas.

Creo que por eso me siento con el autoestima baja y le huyo a tener relaciones sexuales con distintas personas.

A ejercitar urgente e ir a la psicóloga, que por suerte volvió de viaje.

Pasó casi un mes desde la última vez que escribí. Quizás estaba saturada de emociones como para desmenuzar una a una y compartirlas.

Prometo no dejar pasar más de 3 días sin escribir.

A ver, recapitulemos un poco.

Emocionalmente aún no estoy bien… es un momento complicado a nivel familiar y personal.

Cada vez más decidida: quiero dedicarme a la música y a la composición. Quiero cantar. Ahora el tema es cómo llegar a eso.

Voy a terminar la Licenciatura por cuestiones prácticas: es más fácil acceder a ciertos beneficios como becas, posgrados y la libertad del cuestionamento de los padres.

Chongos pasaron y pasarán. Una tarde revivió el fulgor con aquel compañero de la secundaria a quien nunca consideré más que eso. Ahora hay otro con el que salgo, pero aún no concretamos nada.

Empecé a ir a correr. Estoy un poco gordita y panzona, pero desde que corro me siento mucho mejor anímicamente. ¡Bien por mí!

 

Ya iré ampliando un poco más…

Me pasó a buscar ayer. Yo tenía la peor onda del mundo: si yo hubiese sido él, me hubiese pedido que baje del auto. Pero él la remó a todo momento. Hizo chistes, me llevó a un bar tranquilo, me dio su teoría de por qué estaba así. Muy bien de su parte.

Después, al segundo vaso de cerveza, me contó que había estado pensando y que había decidido que no quería tener más la charla del desequilibrio, el espacio, etc. Que él quería estar tranquilo e ir viendo, dejar de dar por hecho que íbamos a ser novios, que yo también le había dado mensajes contradictorios (tiene razón y se lo dije).

Más tarde, en su casa, él intentó pasar las cosas a otro plano. “Hoy estoy en un nivel muy alto de dificultad. ¿Estás seguro de que querés jugar?” Él asintió e intentó por todos los medios excitarme: me hizo mimos, me besó el cuello, me abrazó, me chupó las tetas. Hasta que decidí frenarlo: estaba cual nieve.

Tuvo la paciencia de un monje zen. Yo intenté explicarle que estaba confundida, que quizás haber hablado y aclarado todo hacía que yo sintiera un poco de miedo a abrirme.

Como suele pasarme, apenas sentí levantada la presión de coger, me dieron ganas. Pasó: él es un buen amante*, pero definitivamente yo no estaba de humor.

Se hizo la hora de volver a casa y no me molestó en absoluto (mala señal). Justo antes de dormirme en mi propia cama, aún sintiendo su olor en mi piel, lo decidí: necesito tiempo. Necesito aire.

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*Tiene un modo de coger muy parecido al Lobo. Estoy empezando a creer que los chicos que se llaman igual, cogen igual. Es la segunda vez que repito nombre y repite estilo. ¿Será así?


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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