El diario de la Señorita Kadbury

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Hacía bastante tiempo que no despertaba un domingo con una noche de sexo para contar.

El hippie con el que estuve en mi oficina el día de la fiesta me invitó a ver su obra de teatro. Llegaba tarde entonces decidí pasarlo a buscar cuando terminaba.

Empezamos a caminar y hablar de la vida. Chico de San Isidro que no se conforma con los modelos establecidos, que quiere juntar herramientas para viajar por el mundo y poder vivir en cualquier lado. Ya lo hizo con los malabares por parte de América del Sur. CUERPAZO. Dulce a más no poder, gracioso, personaje.

Mis viejos hicieron una escapada este finde, así que lo invité a casa, tomamos una cerveza mega hiper abrigados en la terraza hasta que se largó a llover. Lo mostré unos temas míos en el piano (con muchísima torpeza de mi parte) y empezamos a besarnos. Fuimos a mi cuarto, empezó a desvestirme y besarme y terminamos lo que habíamos empezado en la fiesta. Dormimos abrazados.

Hoy pienso en anoche y me veo un poco fría, pero sincera. Muy tranquila, sin tratar de agradar. Escuchando todo lo que él decía, compartiendo gran parte de sus inquietudes. Fue una postura atípica, pero muy relajada.

¿Será que me durmieron el corazón? ¿Será que mis sensaciones por el otro chico aniquilan cualquier nueva posibilidad? ¿Será que estoy creciendo?

A veces, con una sola vez no alcanza. Esa certeza puede aparecer más clara que el agua en frente tuyo, podés verla por unos minutos, y así como la viste, desaparece.

Desaparece por unos años, bajo el manto de las dudas, los preconceptos, las ideas de los demás.

Por suerte, desmalezando con mucho esfuerzo, pude volver a encontrarla.

Y lo digo:

QUIERO SER MÚSICA.

 

 

(Es que hoy fui al segundo encuentro del taller de canto del festival de jazz y después a escuchar  a “El diablo en la boca“)

Pasó casi un mes desde la última vez que escribí. Quizás estaba saturada de emociones como para desmenuzar una a una y compartirlas.

Prometo no dejar pasar más de 3 días sin escribir.

A ver, recapitulemos un poco.

Emocionalmente aún no estoy bien… es un momento complicado a nivel familiar y personal.

Cada vez más decidida: quiero dedicarme a la música y a la composición. Quiero cantar. Ahora el tema es cómo llegar a eso.

Voy a terminar la Licenciatura por cuestiones prácticas: es más fácil acceder a ciertos beneficios como becas, posgrados y la libertad del cuestionamento de los padres.

Chongos pasaron y pasarán. Una tarde revivió el fulgor con aquel compañero de la secundaria a quien nunca consideré más que eso. Ahora hay otro con el que salgo, pero aún no concretamos nada.

Empecé a ir a correr. Estoy un poco gordita y panzona, pero desde que corro me siento mucho mejor anímicamente. ¡Bien por mí!

 

Ya iré ampliando un poco más…

Alguna vez creo haber comentado que con unas compañeras de canto estaba armando una pequeña muestra. A una de ellas, nuestro profesor le dijo “vos naciste para cantar”.

A las otras dos, no nos lo dijo. No sé si es porque no nacimos para cantar, porque él cree que ya sabemos que ese es nuestro deseo o… no sé.

Lo cierto es que últimamente siento cierto rechazo o mala onda de su parte. Quizás está enojado conmigo porque desde que empecé a trabajar estoy un poco menos comprometida con el canto. O quizás, proyecta en mí no sé qué. Quizás esperaba algo de mí que no soy.

Lo cierto es que sigo disfrutando sus clases y creo que debería hablar con él… ¡pero me da una vergüenza y un miedo lo que pueda llegar a decirme!

Ella tiene unas sutilezas, un control, una capacidad expresiva con la voz alucinante. Todo eso que yo carezco o no tengo tan desarrollado aún. Quizás a ella le insiste porque no tiene la iniciativa (en exceso) que tengo yo. Yo soy tan proactiva que a veces me olvido en qué quiero poner mi energía realmente.

Ahora me voy a ir a bañar y dormir porque mañana quiero estar descansada y disfrutar el día. Esa es mi prioridad.

PD: ¡Medité casi todos los días desde el viernes hasta hoy!

PD2:Estoy con un atraso extraño. No corrí ningún riesgo… ¿estrés?

En estos últimos años reaprendí algunas cosas fundamentales sobre cómo quería vivir mi vida. Voy a intentar compartilas, quizás a algunos les resulten obvias o incluso erradas, pero cualquier comentario es bienvenido.

  • Sobre cómo usar mi tiempo.

Antes. Llegaba marzo y yo empezaba a enloquecer. Quería saber cómo iba a ser todo mi año: horarios, presupuesto, actividades extracurriculares. Quería saber todo, organizar todo en función de algún resultado final ya fuera laboral o personal. Quería saber qué futuro me estaba preparando. Cada decisión tenía que ser la correcta, no me permitía equivocarme. No podía desperdiciar tiempo (ni dejar huecos libres en la semana.

Ahora. Movida por mi instinto y necesidad del momento, me permito ir probando, cambiando. Algunas cosas hay que definirlas porque no queda otra, como la facultad; pero las demás las voy amoldando a cada circunstancia.

  • Sobre cómo elegir

Antes. Como dije en el punto anterior, las actividades se elegían mayormente en función de un resultado final. Todo debía tener un para qué, ser un camino a la perfección. Aquello que no condujera a una determinada perfección, no tenía sentido.

Ahora. Ayer probé una clase de entrenamiento corporal y exploración del cuerpo, dictado por una bailarina y coreógrafa muy reconocida de Buenos Aires. El grupo, de unas 40 personas, cuenta con muchísimos bailarines profesionales. Por suerte, la profesora abre el espacio a “gente común”, para que podamos conectar con nuestra materialidad, nuestra sensibilidad, en movimiento. La Señorita de antes hubiera decidido no ir: no quiere ser bailarina, no va a ser tan buena como los demás, ¿para qué?. Pero la Señorita hoy quiere abrir esos canales, quiere descubrir, dejarse llevar. Quiere disfrutar y aprender. Probablemente no sea “tan buena” como los demás, pero está dispuesta a entrar en ese camino de conocer las posibilidades de su cuerpo y está comprometida con la causa. Además, la va a ayudar a bajar unos kilitos y tonificar las zonas problemáticas (guiño guiño).

  • Sobre cómo vivir lo cotidiano.

Antes. Yo pensaba que uno estaba irremediablemente destinado a continuar los hábitos cotidianos de su familia. Desde la alimentación hasta el modo de caminar, pasando por la decoración de su casa, sus ejercicios, los sentires.

Ahora. Quiero vivir conectada conmigo misma. Quiero disfrutar de prepararme la cena, de lavar los platos. Sé que puedo elegir qué comer, ampliar mi paladar y apostar por la cocina saludable. Quiero mi propio espacio, mis tiempos, mis silencios.

  • Sobre mi misión en la vida

Antes. Yo creía, fruto de mis buenas notas en la secundaria, que había venido a esta vida para resaltar, para marcar una gran diferencia. Engreída yo, claro está. Creía que tenía que encontrarle un gran sentido, un objetivo específico para cambiar el mundo. (¡Qué omnipotente! ¡Cuánta exigencia me generaba!)

Ahora. Creo que bajé la exigencia: vine a esta vida a aprender varias lecciones, a disfrutar. Mi aporte será un granito de arena y con eso ya es bastante. Mi trabajo, mi tiempo, mi vida la dedico a una búsqueda personal que puede o no llegar a favorecer a los demás. De todos modos, creo que si uno está en paz consigo mismo, colabora a la paz general.

 

(Me hace feliz saber que) Continuará

Ayer se aclaró mi cabeza con respecto a mis eternas dudas vocacionales. Tanto estrujarse el cerebro por años resumido en solo dos opciones.

Opción A. Siempre lo intelectual me resultó fácil. Toda la escuela la hice sin ningún problema, hasta demasiado bien diría. La elección de una carrera se veía teñida de cierta obligación a “hacer algo significativo” con mi vida, con mi cerebrito (jeje). De a poco me fui despojando de esas presiones y me di cuenta de que tenía habilidad para todo lo que significara organizar, armar, producir. Incluso comunicar. En esa línea se inscribe la carrera universitaria que estoy haciendo y de lo que estoy trabajando. Incluye, también, la idea de producir cosas audiovisuales. Es algo con lo que probablemente podría vivir, pero no me produce ningún tipo de miedo al fracaso. Es decir, que ser exitosa en eso significaría una felicidad totalmente parcial y fragmentada; que el techo ya lo conozco y tampoco me produce demasiadas ilusiones.

Opción B. Hace unos 7 años, progresivamente, descubrí una semilla adentro mío. Regándola con amor y bastante miedo por no saber de dónde venía ni a dónde iba, creció de a poquito hasta convertirse en un brote. Ese brote mostraba sus primeros colores: emocionalidad, sinceridad, obstáculos, creatividad, conexión, hasta incluso espiritualidad. Seguía asustándome y atrayéndome, como la bola mágica de un adivino. Eso es la música en mi vida. Un desafío, un terreno virgen y desconocido, un camino de muchos obstáculos pero de muchas posibles satisfacciones.

Si muriese mañana, ¿por cuál lamentaría no haber apostado? La opción A es una herramienta, un ¿don? que debo saber que tengo para sobrevivir… pero mi vocación, mi llamado interno, mi deseo va por la segunda.

Hacía tiempo que no tenía un día tan bueno como el de hoy. Quizás arranqué con otras ganas porque sabía que me esperaban cosas placenteras, o quizás directamente me tocaba día bueno.

A pesar de la lluvia, me levanté temprano. Fui a canto a vocalizar y grabar unas voces para una muestra que estamos armando. Con tres compañeras estamos armando una versión de Mr Sandman (insertada a continuación). Quedamos tan contentas (contentos, en realidad: el profesor incluído) que se nos ocurrió preparar un repertorio para eventos con todas canciones dentro del estilo.

Más tarde, fui a lo de mi bajista a grabarle otras voces para un disco de covers que le está armando a su novia (es un dulce de leche). Aunque los resultados no fueron los mejoooooooores, fue positivo porque nos motivó a seguir estudiando y mejorando.

Creo que esto es lo que quiero hacer. Quiero cantar, hacer música, armar música. Tengo curiosidad de otras cosas, claro, pero el foco de mi actividad o de mi felicidad para por ahí.

(Y por producir audiovisuales, quizás.)

Me pasó a buscar ayer. Yo tenía la peor onda del mundo: si yo hubiese sido él, me hubiese pedido que baje del auto. Pero él la remó a todo momento. Hizo chistes, me llevó a un bar tranquilo, me dio su teoría de por qué estaba así. Muy bien de su parte.

Después, al segundo vaso de cerveza, me contó que había estado pensando y que había decidido que no quería tener más la charla del desequilibrio, el espacio, etc. Que él quería estar tranquilo e ir viendo, dejar de dar por hecho que íbamos a ser novios, que yo también le había dado mensajes contradictorios (tiene razón y se lo dije).

Más tarde, en su casa, él intentó pasar las cosas a otro plano. “Hoy estoy en un nivel muy alto de dificultad. ¿Estás seguro de que querés jugar?” Él asintió e intentó por todos los medios excitarme: me hizo mimos, me besó el cuello, me abrazó, me chupó las tetas. Hasta que decidí frenarlo: estaba cual nieve.

Tuvo la paciencia de un monje zen. Yo intenté explicarle que estaba confundida, que quizás haber hablado y aclarado todo hacía que yo sintiera un poco de miedo a abrirme.

Como suele pasarme, apenas sentí levantada la presión de coger, me dieron ganas. Pasó: él es un buen amante*, pero definitivamente yo no estaba de humor.

Se hizo la hora de volver a casa y no me molestó en absoluto (mala señal). Justo antes de dormirme en mi propia cama, aún sintiendo su olor en mi piel, lo decidí: necesito tiempo. Necesito aire.

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*Tiene un modo de coger muy parecido al Lobo. Estoy empezando a creer que los chicos que se llaman igual, cogen igual. Es la segunda vez que repito nombre y repite estilo. ¿Será así?

Ayer no intercambiamos señales de vida en todo el día. Hoy me llamó alrededor de las 15 y no lo atendí. A las 18 lo llamé yo y decidí organizar un encuentro más. Pasó factura sutil por mi borrada de 30 hs.

Hoy salimos.  Después de mi cena con Sebastián.

Luego de decidir pasársela por alto, el nuevo chico me llamó y me pidió disculpas por la propuesta. Reconoció lo infantil que había sido, dijo que no quería que yo tuviera esa imagen de él.

Estuvo bien, volvía a sumar puntos hasta que…

-El 19/10 dirijo a la orquesta. Vas a venir.

– Uy, no! Es el cumple de Sebastián!

– ¿Quién es Sebastián? Faltaste al otro cumple el otro día por quedarte conmigo, podés faltar a este también.

Ahí empezó el reproche, el celaje… Hasta que descubrimos que 19/10 era martes y que dudosamente Sebi festejara ese día. De todos modos, me irritó MUCHISIMO la situación. ¿Cómo voy a dejar de ir al cumpleaños de mi mejor amigo por un chico al que conozco hace menos de 2 meses?

¿Cómo me vas a cuestionar e insistir? No somos ni novios. Ni siquiera tuvimos relaciones sexuales.

No es así como quiero ser querida.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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