El diario de la Señorita Kadbury

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La idea me asusta. No estaba en mis planes próximos, pero lo siento una verdadera necesidad.

La charla con mi hermana -recientemente madre- fue la punta del ovillo. Empezó con un simple “Che… ¿ayer no venía mami a visitar al gurrumín?”. Ahí empezamos a hablar de lo cansada que suele estar nuestra madre… y lo triste. Nuestra mamá tiene 60 años, una hija de 34, uno de 33 y a mí, de casi 22. En menos de un año, la más pequeña hizo un salto interno enorme y decidió dejar de contarle su vida. Por ejemplo, no compartió con ella nada (ni el nombre) de sus últimos amores.

Sumémosle el cambiar de década, el nacimiento del nieto, que dejó de fumar, que mi papá a veces está intratable, que está haciendo una carrera en Counseling que la estresa y todavía no sabe para qué.

Sumemos, también, que vivimos en la misma casa donde en los 90’s vivían 2 adolescentes, una nena, funcionaba una escuela de terapias alternativas, etc etc.

Hace más de 10 años que esa escuela cerró y que los dos adolescentes partieron. Quedé yo. La casa más o menos se mantenía bien, pero el barrio fue cambiando y muchos de los atractivos de nuestro hogar, disminuyendo. Los edificios tapan el sol, los precios son una locura. Es cierto que es un barrio bastante tranquilo… ¿pero a costas de qué?

La charla fluía entre teorías, piezas del rompecabezas que íbamos compartiendo para armar hipótesis. Mi hermana no paraba de recalcar “no puedo creer lo bien que venís manejando la situación, bajando una cortina de acero, poniendo distancia; qué suerte”.

Y, de repente, lo vi. Noté cierto agotamiento, cuota de energía que se me estaba yendo en ese esfuerzo. Energía que no estoy pudiendo depositar en otras cosas. Energía que creía consumida por los fracasos amorosos.

Mi sensación es de una estructura que ya no funciona. El caracol crece y cambia de caparazón, nosotros necesitamos lo mismo. Siento que lo que en un momento era refugio para mí, hoy está en camino a ser la casa del lago de la película Big Fish.

La imagen es desoladora y esa también fue la sensación que estalló con un llanto, cuando dije “Me quiero ir a vivir sola, no puedo más”.

Ahí viene un gran ítem: EL TRABAJO. Necesito un trabajo en serio y eso va a implicar que postergue mi formación paralela en música. Espero poder seguir estudiando canto, al menos, para no perder el entrenamiento… Ya veré. Por lo pronto, empezó mi campaña de buscar un trabajo lindo que me permita vivir. Si no lo consigo, caeré en uno mediano.

Mi hermana y su marido me transmitieron optimismo y me dijeron que iban a estar atentos. Todo parecía tranquilo, mientras seguíamos hablando del tema… hasta que mi hermana me mencionó una última confidencia (no sin antes preguntarme si me hacía mal enterarme de lo que mi madre le contaba).

Ahí fue cuando me enteré: mi papá le dijo a mi mamá que quizás era momento de separarse. ZAZ. Las crisis individuales se volvieron también una crisis de pareja.

Yo sé que no toco ningún pito en esta orquesta, que no tiene que ver conmigo ni nada… pero aunque sepa eso, me hace mal ser testigo a diario de estas situaciones ocurriendo por lo bajo, como ríos de lava. Y he ahí mi decisión. Para abril del año que viene, quiero mudarme sola. No quiero hacerlo abruptamente, buscar un trabajo choto y que toda esta empresa se vuelva un intento fallido. Hay que pensarlo bien.

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Por otra parte, todo esto me llevó a replantear algunas cosas. Yo antes solía ser muy abierta con todo lo que me pasaba con todos… ahora estoy más selectiva. Quizás porque siento que determinados círculos del pasado no me van a entender, no sé.

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You can take a horse to a river, but you can’t make it drink.

Hay algo que está cambiando en mi familia. Más allá de los cambios estructurales por el bebé de  mi hermana mayor y el casamiento de mi hermano, la dinámica está mutando. Por suerte.

Hace algunas semanas, descubrí en terapia que entre nosotros gran parte del”amar” se expresa mediante “me preocupo por vos”. En un principio era solo mi mamá la sobreprotectora.  Se le sumó mi hermana. Y me estaba empezando a sumar yo.

Cuando desnaturalizo algo tan arraigado en mí (como la expresión de amar o el planteo que me hizo un lector en el post anterior con respecto a la identidad “terminada” -¡gracias!-), me siento un poco perdida. Descubro que en realidad el amor, la identidad y otros aspectos de la vida tienen que ver con otras cosas.

Lo mismo el amor en la pareja. Recién hablaba por teléfono con el pianista (mmm. capítulo de mi vida que nunca comenté). Él está cerrando una historia de 4 años y aún no pudo explicarme por qué. A la fuerza, por los meses en altamar que este pianista pasó, él y ella aprendieron a quererse a la distancia. A querer al otro sin necesidad de poseerlo. A querer que el otro sea feliz. A sustentarse de los deseos propios. A aceptar y apoyar los proyectos del otro y comprender. Eso suena bastante bien.

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Nota al margen: No logro decidir si escribirle algo al lobo a modo de despedida. Él tuvo la última palabra vía mail y enviarle un “gracias por todo” no suena tan mal. Pero dado que faltan apenas 23 días para mi cumple número 22, quizás debería esperar y ver qué tipo de acercamiento propone él (si es que algo propone).


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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