El diario de la Señorita Kadbury

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En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.

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Desde muy chica convivo con una sensación horrible: cada tanto me siento prisionera de mi propia vida.

Me desagrado en más de un aspecto, gran parte de lo que hago me resulta una jaula.

Lo que me fue liberando, poco a poco, fue el arte. Primero con unas clases de piano y música a cargo de un profesor divino, después con unas de canto con otra profesora… Convivían en mí dos partes: una que apostaba a ese crecimiento interior, a ocupar todo mi espacio; y otro que seguía en la jaula por temor. Eso frenó un poco tanta apertura.

En el 2010, el trabajo, la crisis familiar, la angustia personal me intoxicaron y me enjaularon aún más. Perdí esa liviandad que había ganado con esos años de música, yoga, liberación.

Quiero cantar más y más y empezar a dar clases, pero no me siento capacitada para hacerlo si yo misma desaprendí ese juego.

Entonces establezco una meta bastante abstracta para este 2011: no perder ese camino de liberación, buscar día a día deshacerme de las trabas propias y ajenas, vivir la vida tal como la quiero vivir.

 

Estos días me siento un poco apagada. Siento que la vida me pasa por encima como un camión y yo intentando disfrutarla aunque sea un poquito, buscando maneras para aprender algo cada día, profundizar algo, mejorar algo del mundo que me rodea.

No sé si es el calor, la pancita que no se va (y menos si hace 2 semanas que no salgo a correr), los planes del verano y del año que son tan difusos…

No sé si son los sentimientos encontrados que me genera todo con mi madre en particular y ella junto a mi padre en general. No sé si es la necesidad de irme a vivir sola y los 60.000 miedos (y dificultades) que implica.

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!

Estoy en crisis total.
La vuelta de mis padres me ahogó más de lo que pensaba. Mi madre es TAN insoportable.

Necesito irme a vivir sola, pero no sé cómo organizar mi vida ni si voy a poder mantenerme ni cómo planteárselos.

Además, no sé qué hacer en las vacaciones, ni con quién. Mi madre sufre por mí y dice “ay, no quiero que te quedes sin vacaciones”.

Por otro lado, este viernes canto. Estoy muy contenta, pero no sé qué ponerme.

Y siento que alejo a todos los hombres que se me acercan o los termino lastimando y eso también me hace sentir mal.
En fin, debería desactivar todos estos pensamientos y simplemente escribir los trabajos que tengo que entregar mañana en la facultad.

A veces, con una sola vez no alcanza. Esa certeza puede aparecer más clara que el agua en frente tuyo, podés verla por unos minutos, y así como la viste, desaparece.

Desaparece por unos años, bajo el manto de las dudas, los preconceptos, las ideas de los demás.

Por suerte, desmalezando con mucho esfuerzo, pude volver a encontrarla.

Y lo digo:

QUIERO SER MÚSICA.

 

 

(Es que hoy fui al segundo encuentro del taller de canto del festival de jazz y después a escuchar  a “El diablo en la boca“)

Mañana viernes presento las canciones en sociedad, en un barcito muy pintoresco.

Todavía no terminé de pulir algunos detalles, los nervios me carcomen. No sé qué ponerme.

Pero estoy feliz.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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