El diario de la Señorita Kadbury

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Donde estuve, donde estoy, donde quiero estar. ¿Dónde? La magnitud del universo…… pensar en la multidireccionalidad de mi cuerpo y mi ser.

Diciembre concluyó en Tigre, al día siguiente de conocer a una persona muy bella que mutó de posible amor a chongo a actual alumno de canto.

Enero fue caótico, cansador… y la novedad: mi profesor de canto me derivó a uno de sus alumnos (este vino primero que el que nombré más arriba).

Febrero se acomodó un poquito, pero hubo golpes fuertes: enfermedades, despedidas, desilusiones.

Marzo comenzó cabreado, desorientador. Ya casi a su cierre, viene con todo, hermoso a su manera. Cosas que se acomodan y que se entienden, palpan, viven… Como algo natural. Cosas a afrontar siempre hay y habrán, y la flexibilidad y energía para superarlas también se ejercitan. En eso estamos.

(Actor devenido músico), tengo miedo. Y no a tu hpv.

Tal vez ya te conté o tal vez no. El 2010 fue un año malísimo aunque buenísimo como quiebre para lo que vino después. Pero en el durante la pasé PESIMO.
Es difícil remontar todos los hilos que implican esta trama, pero intento resumirlos para no aburrirte y llegar al punto.
bla.
Fueron muchas cosas, mucha angustia de cosas que yo no podía controlar ni cambiar. De estar en el medio de situaciones de mierda.
Más una rotura de corazón  (a causa del Lobo) antes de que todo eso estallara.
Una rotura que me tiró abajo el autoestima, que me hizo tener bronca por tener solo 21 (por aquel entonces) años.
No sé cómo explicarte ni cuanto corresponde que te explique.
Pero fue todo de un nivel bastante raro.
Y quedé con fobia acrecentada por la situación familiar. Tenía tanto caos emocional  que no quería sumarle nada ni positivo ni negativo.
Y ahí fue que entré a la productora. Era insostenible vivir acá con lo que estaba pasando y necesitaba irme, aunque eso significara resignar muchas cosas.
Por suerte, con los meses y las charlas, las cosas se fueron acomodando.
Ahora ya no tengo esa presión por irme y de a poco mi cabeza fue virando el foco a lo que quiero hacer a nivel vocación (aunque me agarren mis dudas e inseguridades con cierta frecuencia).
Pero a nivel hombres, sos el primero real después de todo lo que pasó. Con real quiero decir el primero con el que hay posibilidades de que quiera seguir viéndote.
Después de nuestro primer encuentro, flashée un poco pero mi inseguridad me hizo creer que querías algo casual y ya.
Por suerte me volviste a invitar y por suerte me dejás en claro lo que te pasa.
A mí sin dudas me gusta mucho verte, besarte, cogerte, charlar con vos. Pero mi miedo es grande así que no me animo a decirlo/sentirlo tanto. Pero sí me animo a seguir viéndote, aprendiendo de vuelta a confiar en vos y en mí.
Es decir, lo que me da miedo es que no me importe correr el riesgo de contagiarme hpv si es por estar con vos.

Estos días me siento un poco apagada. Siento que la vida me pasa por encima como un camión y yo intentando disfrutarla aunque sea un poquito, buscando maneras para aprender algo cada día, profundizar algo, mejorar algo del mundo que me rodea.

No sé si es el calor, la pancita que no se va (y menos si hace 2 semanas que no salgo a correr), los planes del verano y del año que son tan difusos…

No sé si son los sentimientos encontrados que me genera todo con mi madre en particular y ella junto a mi padre en general. No sé si es la necesidad de irme a vivir sola y los 60.000 miedos (y dificultades) que implica.

Hay días como hoy que cuando ya estoy en casa, por meterme en la cama a ver un capítulo de Six Feet Under en cuevana (voy por la cuarta temporada… emitida en el 20o3/2004), me siento realizada. Quizás no pude hacer todo lo que había planeado para hoy, pero sí quise hacer todo lo que podía.

Amanecí tomando un café con un amigo con quien compuse mi única canción allá por el 2007. Está por terminar la carrera de cine y quiere juntar dinero para financiar su corto-tesis. Entonces, me propuso tocar en vivo algunas veces y cobrar entrada. Ni él ni yo recibiríamos más que un incentivo para juntarnos a componer y a armar lindos covers. (Acá van algunos ejemplos)

Después fui a canto pedaleando en mi bicicleta bajo el sol. Clase muy linda, volví y almorcé con mis viejos por el cumpleaños de mi papá. Apenas terminamos, tuve que ir a trabajar. Hoy me quedé hasta más tarde para cerrar ($$ extra por quedarme más). Mi idea era aprovechar ese tiempo para hacer unos trabajos para la facultad… pero decidí descansar un poco después de tanto trabajar.

Ahora me voy a ver el capitulito y ni pensar en el mail mala onda que me tiró el ex-nuevo chico, luego de que le comuniqué que había decidido no vernos más.

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Yo venía tan decidida a dejar esta carrera y probar suerte 6 meses con la música que ahora nadie entiende mis planes. Ni yo entiendo, sinceramente.

Las prioridades se reacomodaron y terminar la carrera cobra sentido en mi interior. Sobre todo, porque me falta poco y por las posibilidades a las que me abre puertas.

Dejé de esperar ese fuerte llamado vocacional que indicara mi misión en la tierra. Ahora solo busco las actividades que se conecten con un deseo tangible mío o al menos una curiosidad genuina. Quizás es menos pretensioso, quizás está bien, quizás bajé los brazos.

No sé. No sé de qué quiero trabajar, no sé cuál es mi objetivo laboral. No sé cuál es mi misión en la vida.

Pero sí sé que estoy contenta con todo lo que estoy haciendo en este momento de mi vida. Y, a fin de cuentas, creo que eso es lo que importa. ¿O no?

En terapia los temas se van agotando. Después de una larga tempestad, con temas nuevos a cada semana y sesiones que no me alcanzaban, hoy por hoy empieza a aparecer el silencio.

A un año de recibirme. 2 y/o 3 proyectos musicales entre manos y formándome en esa área. Ideas de proyectos fotográficos. Un nuevo trabajito que me alegra y en el que me quiero quedar un tiempo. Diferenciándome cada vez más de mis padres. Con relaciones más sinceras, estrechas y de par a par con mis hermanos porteños. Ganas de irme a vivir sola. Sin necesidad de un hombre que me sostenga, pero con fe de que va a aparecer un muchacho que quiera y sepa acompañarme y dejar que lo acompañe. Más grande y más adulta.

Creo que en estos últimos años (y tiempos) crecí y cambié mucho. Y hay algo que se está asentando, armando en mí. Tomando una forma concreta y a la vez flexible. Más definida, quizás.

Se va acercando el fin de una etapa. Y se ve.

Mañana empiezo mi trabajo free-lance como runner en una agencia de castings. Es decir: llamar actores y convocarlos, hacer scouting en la calle, ayudar en los castings en sí. Lo que haga falta. Un trabajo para nada rutinario, rodeado de gente agradable y divertida -todos son o fueron actores-, a 6 cuadras de la facultad. Con horarios flexibles y extraños (como soy yo), ni siquiera tengo que trabajar todos los días. La paga no es mucha, pero está bien para empezar o al menos, tener hasta que aparezca otra cosa.

Y, a su vez, estoy haciendo una prueba de corrección de un libro de budismo (gracias, craigslist!).

Eso sí que es el poder de la invocación, ¿no?

Si viviera sola, sería un peligro.

El chico nuevo ya habría recibido un mensaje que lo invitara a dormir conmigo en esta noche fría con casi aguanieve. Lo recibiría con mis calzas coloridas que me puse debajo del jean, las medias estampadas de preski, los anteojos más ñoños.

Probablemente tendría un vino sobre la mesa, algunas pelis, luces tenues, música tranquila sonando. Charlaríamos un poco de nuestro día y antes de empezar a besarnos, nos fundiríamos por el cansancio en un abrazo tibio.

Anoche estuvimos desvelados. Entre besos y sexo, me fue contando toda su historia con las drogas (me persiguen los ¿ex? drogadictos). Si no fuera por el tono avergonzado con el que hablaba, que mostraba un hilo de temor a que deje de gustarme, me hubiese ahuyentado completamente.

Cuando cogimos, no pude acabar porque me cerré emocionalmente. Me di cuenta de que estaba sensibilizando, que me estaban pasando cosas y me estaba empezando a asustar. Miedo a abrirme y salir lastimada.

Eran las 12 del mediodía, aún sin dormir, y yo no me quería ir. La estaba pasando muy bien.

Me gustaría vivir sola. Y que él estuviera tocando timbre ahora mismo.

En estos días la pregunta no para de dar vueltas.

El ex que sufre porque su actual novia se va a estudiar afuera por 6 meses. Compañera de canto se separó porque su pareja estaba siendo muy egoísta y no podía darle nada. Amiga al borde de la crisis porque su chico tiene problemas para encaminar su vida. Madre que perdió la confianza en el padre al punto de hacerse un desorden hormonal importante, padre que acompaña a madre casi en todo.

Y yo, acá, preguntándome cuál es el sentido, qué esperar, qué necesito, qué quiero dar. Y este chico. Que cuando empezaba a odiarlo por haber desaparecido me mandó un  “¿cómo va? ¿Cómo fue el ensayo?”, muy dulce de su parte. Chateamos y quedamos en ir a un concierto hoy. Las dudas crecían: ¿será ir muy rápido? No lo quiero ilusionar porque no siento grandes cosas por él ¿Lo planteo o dejo fluir las cosas? Por suerte, hoy al mediodía me mandó un mensaje contándome que se había levantado con fiebre y que tenía que posponerlo, pidiendo disculpas sesenta veces. Le dije que todo bien y volvió a disculparse. ¿Exceso de interés o exceso de culpa?

A ver… no me enciende como El Lobo, de eso no hay duda. De todos modos me gustó hablar (y coger) con él. Y ahora, tengo una mini sensación de abstinencia. Le mandé un mensaje preguntándole cómo se sentía, me dijo que mejor y volvió a pedir disculpas por cancelarme el plan, le respondí que me alegraba que estuviera mejor y que me iba a dormir. No sé, es dulce.

Todos dicen que el primero después de una relación que te vuela la cabeza, difícilmente te produzca grandes cosas. Me lo han dicho cuando yo venía después de las ex que le volaron la cabeza al Lobo. Además, este chico nuevo tiene un pasado algo turbulento con las drogas y una ¿fama? de personalidad un poco inestable que me asustan.

Pero más allá de todo esto y volviendo a las preguntas iniciales: ¿qué necesito? ¿qué es amor? ¿Para qué amamos? ¿Qué esperamos?

En mi corta experiencia pude deducir una sola idea que con dificultad intento poner en práctica. La pareja no es la fuente de la felicidad: es alguien con quien compartir la propia felicidad, para sumar y potenciarlas.

Sensaciones/conclusiones después de cogerme al amigo del novio de mi amiga:

  1. La confianza en mí misma sigue intacta.
  2. El lobo era un increíble amante, al igual que el-ex y los demás remoloneadores. Tuve mucha suerte.
  3. Creo que en parte quería probarme o mostrarme a mí misma algo. No sé bien qué, pero aventuro las siguientes ideas: que la puedo pasar bien sin el Lobo, que la vida continúa, que sigo siendo un ser sexual.
  4. Sin darme cuenta, sumé un amante a la lista de los “chicos con los que cogí”, llegando 8.
  5. A esto se refería mi psicóloga al decir que no iba a aparecer otro con tanto impacto tan facilmente.
  6. Si las cosas ocurren por una razón, la historia con el Lobo va cobrando sentido. Apareció para mostrarme que hay hombres que me pueden encantar, pero principalmente para impulsarme a despegarme de mi sobreprotectora madre (quien, este sábado llamó a las 6 AM y al día siguiente pidió disculpas!). Desapareció para ayudarme a focalizar en mí y en lo que quiero ser. Sigo sintiendo que va a reaparecer… quizás cuando este proceso se estabilice un poco. No sé
  7. Estoy bastante orgullosa de quién o qué soy hoy. De mí misma, de mi camino, de mis (in)decisiones.
  8. Extraño al Lobo.

Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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