El diario de la Señorita Kadbury

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Si viviera sola, sería un peligro.

El chico nuevo ya habría recibido un mensaje que lo invitara a dormir conmigo en esta noche fría con casi aguanieve. Lo recibiría con mis calzas coloridas que me puse debajo del jean, las medias estampadas de preski, los anteojos más ñoños.

Probablemente tendría un vino sobre la mesa, algunas pelis, luces tenues, música tranquila sonando. Charlaríamos un poco de nuestro día y antes de empezar a besarnos, nos fundiríamos por el cansancio en un abrazo tibio.

Anoche estuvimos desvelados. Entre besos y sexo, me fue contando toda su historia con las drogas (me persiguen los ¿ex? drogadictos). Si no fuera por el tono avergonzado con el que hablaba, que mostraba un hilo de temor a que deje de gustarme, me hubiese ahuyentado completamente.

Cuando cogimos, no pude acabar porque me cerré emocionalmente. Me di cuenta de que estaba sensibilizando, que me estaban pasando cosas y me estaba empezando a asustar. Miedo a abrirme y salir lastimada.

Eran las 12 del mediodía, aún sin dormir, y yo no me quería ir. La estaba pasando muy bien.

Me gustaría vivir sola. Y que él estuviera tocando timbre ahora mismo.

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En estos días la pregunta no para de dar vueltas.

El ex que sufre porque su actual novia se va a estudiar afuera por 6 meses. Compañera de canto se separó porque su pareja estaba siendo muy egoísta y no podía darle nada. Amiga al borde de la crisis porque su chico tiene problemas para encaminar su vida. Madre que perdió la confianza en el padre al punto de hacerse un desorden hormonal importante, padre que acompaña a madre casi en todo.

Y yo, acá, preguntándome cuál es el sentido, qué esperar, qué necesito, qué quiero dar. Y este chico. Que cuando empezaba a odiarlo por haber desaparecido me mandó un  “¿cómo va? ¿Cómo fue el ensayo?”, muy dulce de su parte. Chateamos y quedamos en ir a un concierto hoy. Las dudas crecían: ¿será ir muy rápido? No lo quiero ilusionar porque no siento grandes cosas por él ¿Lo planteo o dejo fluir las cosas? Por suerte, hoy al mediodía me mandó un mensaje contándome que se había levantado con fiebre y que tenía que posponerlo, pidiendo disculpas sesenta veces. Le dije que todo bien y volvió a disculparse. ¿Exceso de interés o exceso de culpa?

A ver… no me enciende como El Lobo, de eso no hay duda. De todos modos me gustó hablar (y coger) con él. Y ahora, tengo una mini sensación de abstinencia. Le mandé un mensaje preguntándole cómo se sentía, me dijo que mejor y volvió a pedir disculpas por cancelarme el plan, le respondí que me alegraba que estuviera mejor y que me iba a dormir. No sé, es dulce.

Todos dicen que el primero después de una relación que te vuela la cabeza, difícilmente te produzca grandes cosas. Me lo han dicho cuando yo venía después de las ex que le volaron la cabeza al Lobo. Además, este chico nuevo tiene un pasado algo turbulento con las drogas y una ¿fama? de personalidad un poco inestable que me asustan.

Pero más allá de todo esto y volviendo a las preguntas iniciales: ¿qué necesito? ¿qué es amor? ¿Para qué amamos? ¿Qué esperamos?

En mi corta experiencia pude deducir una sola idea que con dificultad intento poner en práctica. La pareja no es la fuente de la felicidad: es alguien con quien compartir la propia felicidad, para sumar y potenciarlas.

Sensaciones/conclusiones después de cogerme al amigo del novio de mi amiga:

  1. La confianza en mí misma sigue intacta.
  2. El lobo era un increíble amante, al igual que el-ex y los demás remoloneadores. Tuve mucha suerte.
  3. Creo que en parte quería probarme o mostrarme a mí misma algo. No sé bien qué, pero aventuro las siguientes ideas: que la puedo pasar bien sin el Lobo, que la vida continúa, que sigo siendo un ser sexual.
  4. Sin darme cuenta, sumé un amante a la lista de los “chicos con los que cogí”, llegando 8.
  5. A esto se refería mi psicóloga al decir que no iba a aparecer otro con tanto impacto tan facilmente.
  6. Si las cosas ocurren por una razón, la historia con el Lobo va cobrando sentido. Apareció para mostrarme que hay hombres que me pueden encantar, pero principalmente para impulsarme a despegarme de mi sobreprotectora madre (quien, este sábado llamó a las 6 AM y al día siguiente pidió disculpas!). Desapareció para ayudarme a focalizar en mí y en lo que quiero ser. Sigo sintiendo que va a reaparecer… quizás cuando este proceso se estabilice un poco. No sé
  7. Estoy bastante orgullosa de quién o qué soy hoy. De mí misma, de mi camino, de mis (in)decisiones.
  8. Extraño al Lobo.

Con apenas 3 horas de sueño y algunos trabajos prácticos terminados, una lluvia insegura me abrió la semana. Una que no se animaba a empapar y terminó escapándose.

Una lluvia que casi tomaba una gran decisión de experimentar un año distinto al planeado y se achicó. Una lluvia con el autoestima por el piso que quiere empezar a hacer dieta y ejercicio todos los días para llegar a un físico perfecto y ajeno.

Pero, ¿a quién engaño? Lo que me pasa, además de todo eso, es que extraño al Lobo. Quizás es porque no apareció otro que me interese. Lo cierto es que no paro de encontrar posibles alusiones en el cara-libro (deberían prohibírmelo) como canciones de la banda por la que salimos la primera vez, poemas que hablan de rubiezas; presiento o quiero presentir que me va a llamar. Aunque yo todavía no me definí ni un poco con respecto a mi propia vida.

Quiero que vuelva mi psicóloga de viaje.

(canción del primer disco que me recomendó y encantó)

Debería haberme venido hace 8 días.

Opciones:

  1. Que los nervios de los exámenes y todo el asunto familiar me SUPER afecten.
  2. Que tenga algún problema ginecológico
  3. Que de aquel encuentro extraño con el Lobo, me haya llevado más que una desilusión.

Hoy mismo me hago un test casero.

pá-ni-co.

El domingo colapsé, pero no por los motivos pensados.

En plena cena, padres y yo discutimos por el tema B. (otro día detallaré). Ellos empezaron a decir cosas y yo hacía de intérprete en simultáneo de lo que se planteaban, porque no se entendían. Hasta que en un momento me harté, les grité de todo y les dije que los adoraba pero que el año que viene me quería ir a vivir sola.

Llorando mi madre y yo, mi padre ¿orgulloso? de que yo tome esa iniciativa. Mi madre decía cosas como “lamento que decidas irte porque se te vuelve insoportable, me gustaría que no fuera así pero no puedo cambiar cómo me siento”.

Intense….

La idea me asusta. No estaba en mis planes próximos, pero lo siento una verdadera necesidad.

La charla con mi hermana -recientemente madre- fue la punta del ovillo. Empezó con un simple “Che… ¿ayer no venía mami a visitar al gurrumín?”. Ahí empezamos a hablar de lo cansada que suele estar nuestra madre… y lo triste. Nuestra mamá tiene 60 años, una hija de 34, uno de 33 y a mí, de casi 22. En menos de un año, la más pequeña hizo un salto interno enorme y decidió dejar de contarle su vida. Por ejemplo, no compartió con ella nada (ni el nombre) de sus últimos amores.

Sumémosle el cambiar de década, el nacimiento del nieto, que dejó de fumar, que mi papá a veces está intratable, que está haciendo una carrera en Counseling que la estresa y todavía no sabe para qué.

Sumemos, también, que vivimos en la misma casa donde en los 90’s vivían 2 adolescentes, una nena, funcionaba una escuela de terapias alternativas, etc etc.

Hace más de 10 años que esa escuela cerró y que los dos adolescentes partieron. Quedé yo. La casa más o menos se mantenía bien, pero el barrio fue cambiando y muchos de los atractivos de nuestro hogar, disminuyendo. Los edificios tapan el sol, los precios son una locura. Es cierto que es un barrio bastante tranquilo… ¿pero a costas de qué?

La charla fluía entre teorías, piezas del rompecabezas que íbamos compartiendo para armar hipótesis. Mi hermana no paraba de recalcar “no puedo creer lo bien que venís manejando la situación, bajando una cortina de acero, poniendo distancia; qué suerte”.

Y, de repente, lo vi. Noté cierto agotamiento, cuota de energía que se me estaba yendo en ese esfuerzo. Energía que no estoy pudiendo depositar en otras cosas. Energía que creía consumida por los fracasos amorosos.

Mi sensación es de una estructura que ya no funciona. El caracol crece y cambia de caparazón, nosotros necesitamos lo mismo. Siento que lo que en un momento era refugio para mí, hoy está en camino a ser la casa del lago de la película Big Fish.

La imagen es desoladora y esa también fue la sensación que estalló con un llanto, cuando dije “Me quiero ir a vivir sola, no puedo más”.

Ahí viene un gran ítem: EL TRABAJO. Necesito un trabajo en serio y eso va a implicar que postergue mi formación paralela en música. Espero poder seguir estudiando canto, al menos, para no perder el entrenamiento… Ya veré. Por lo pronto, empezó mi campaña de buscar un trabajo lindo que me permita vivir. Si no lo consigo, caeré en uno mediano.

Mi hermana y su marido me transmitieron optimismo y me dijeron que iban a estar atentos. Todo parecía tranquilo, mientras seguíamos hablando del tema… hasta que mi hermana me mencionó una última confidencia (no sin antes preguntarme si me hacía mal enterarme de lo que mi madre le contaba).

Ahí fue cuando me enteré: mi papá le dijo a mi mamá que quizás era momento de separarse. ZAZ. Las crisis individuales se volvieron también una crisis de pareja.

Yo sé que no toco ningún pito en esta orquesta, que no tiene que ver conmigo ni nada… pero aunque sepa eso, me hace mal ser testigo a diario de estas situaciones ocurriendo por lo bajo, como ríos de lava. Y he ahí mi decisión. Para abril del año que viene, quiero mudarme sola. No quiero hacerlo abruptamente, buscar un trabajo choto y que toda esta empresa se vuelva un intento fallido. Hay que pensarlo bien.

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Por otra parte, todo esto me llevó a replantear algunas cosas. Yo antes solía ser muy abierta con todo lo que me pasaba con todos… ahora estoy más selectiva. Quizás porque siento que determinados círculos del pasado no me van a entender, no sé.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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