El diario de la Señorita Kadbury

Archive for the ‘psicología’ Category

Últimamente siento ganas de abrir mi corazón asustadizo. No lo logro todo el tiempo, pero de a poco voy descubriendo esas cositas que me ayudan y quiero compartirlas o al menos anotarlas por si en algún momento me olvido:

– Cocinar algo con tiempo y amor

– Escuchar un disco entero

– Ordenar y/o limpiar y que quede todo lindo

– Aprender una canción nueva que me emocione

– Recordar que el canto es un regalo al que escucha, salga como salga

– Caminar o andar en bici con o sin destino, pero a pura respiración profunda

– Invocar

– Mover el cuerpo

Obvio que no todo funciona siempre, pero hasta ahora alguna vez me sirvió.

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De chiquita, mis papás me llevaban mucho a ver obras de comedia musical, escritas y dirigidas por Hugo Midón. Este hombre increíble marcó a un par de generaciones con canciones que hablaban de cosas que aún hoy resultan profundas.

Evidentemente, algo de eso perdura en mí y más vale tarde que nunca, estoy convencidísima que esta me habla a mí.

Lo canta una princesa, de quien se espera mucho y de lo que quiere, poco se le pregunta. Los primeros 00:50 son instrumentales. Tienen permiso para adelantarlo.

Que la disfruten. Y si en algún momento reponen las obras, recomiendo enormemente ir a dejarse llevar por historias simples de valores fuertes.

El finde, en medio de la paz de Tigre, estuve tratando de explicarle a mis amigas qué significaba hacer daimoku o invocar en el Budismo de Nichiren.

Lo cierto es que a nivel teórico, lo mío era escaso. Sabía que, a diferencia de otros budismos, este budismo cree que todos pueden alcanzar la budeidad en lo cotidiano. Es decir, no hace falta aislarse en un templo en la montaña para alcanzar un estado superior. La budeidad, en esta línea, es un estado: pueden pasarnos cosas que nos saquen de ese estado (por ejemplo, se pinchó la rueda del auto), pero lo importante es una vez pasado el enojo o el estrés, poder volver a ese estado de alegría y vitalidad.

Otra cosa que sabía es que lo que se repite (NAM MYOJO RENGUE KYO) tiene que ver con la Ley mística. ¿Qué será esto? Por lo que yo entiendo, tiene que ver con que el Universo (dios, o como lo quieras llamar) tiene maneras de funcionar que nosotros desconocemos, que somos causa y efecto a la vez, que somos UNO con el entorno. Por lo tanto, si uno cambia, cambia su entorno. Si cambia su entorno, cambia su realidad y cambia parte del universo.

Por eso, más allá de que no tenga mucha idea de qué quiere decir nam myojo rengue kyo, lo que yo intentaba explicarles a mis amigas es que una vez por semana me siento una hora entera a pronunciar esas sílabas en voz alta, en grupo, frente a un papel que solo tiene valor simbólico. Durante ese tiempo mi cabeza pasea por miles de cosas, de las que siempre intento identificar qué necesito mejorar, crecer, creer. Y lo pido. Pido cosas para mí, pido cosas para mis seres queridos. Pido cosas pequeñas, incluso materiales. Porque este budismo cree que vinimos a esta vida a ser felices.Y la clave de la felicidad está en saber qué se desea y trabajar por ello.

Más allá de la religión que sigan, les propongo, escasos lectores, que por un ratito, mientras viajan en colectivo o mientras se cepillan los dientes, piensen en qué necesitan hoy, por qué invocarían hoy. Siéntanlo con convicción. Ojalá se lleven una sorpresa. Yo me estoy llevando varias, pero ese es otro capítulo.

En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!

Estoy en crisis total.
La vuelta de mis padres me ahogó más de lo que pensaba. Mi madre es TAN insoportable.

Necesito irme a vivir sola, pero no sé cómo organizar mi vida ni si voy a poder mantenerme ni cómo planteárselos.

Además, no sé qué hacer en las vacaciones, ni con quién. Mi madre sufre por mí y dice “ay, no quiero que te quedes sin vacaciones”.

Por otro lado, este viernes canto. Estoy muy contenta, pero no sé qué ponerme.

Y siento que alejo a todos los hombres que se me acercan o los termino lastimando y eso también me hace sentir mal.
En fin, debería desactivar todos estos pensamientos y simplemente escribir los trabajos que tengo que entregar mañana en la facultad.

Hace ya unos meses que me revolotea un chico por la cabeza. El día que lo conocí, hace como 4 años, me pareció atractivo. Si bien nos cruzamos alguna que otra vez en fiestas y después en la facultad (estudia cine en la misma sede que yo), nunca pasó nada.

Chateamos varias veces y desde hace unos meses que nos empezamos a ver. Un día fuimos a tomar un café y me pareció demasiado genial para mí. No hablamos por un tiempito. Después tomamos otro café y dije “este chico está mal de la cabeza, pero quiero que sea mi amigo y quizás mi socio para proyectos audiovisuales”. Después de eso, fuimos a andar en bici y hablando bajo el sol, me volvió a parecer atractivo. A los pocos días, me contó que había conocido una chica que le rompía la cabeza pero que no se quería enamorar porque se iba de viaje (pero no hablaba de mí). Desde ahí, dejó de interesarme un poco pero me seguía llamando para hacer unos cursos de meditación, para ir a andar en bici, etc.

Vino a verme cantar, me volvió a hablar de la chica en un momento, de su viaje. Pero tampoco me la nombra mucho ni quiere dar detalles. No entiendo.

Hoy vamos a ir al Festival de Jazz de la ciudad juntos (me anoté en el workshop de canto: ¡un verdadero placer! Ya contaré con detalles). Veremos qué pasa con este muchacho.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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