El diario de la Señorita Kadbury

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En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.

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Volví a la rutina, al trabajo, a mis clases de canto. En cierto punto es lindo: saludar a la chica de la rotisería vegetariana, caminar las cuadras conocidas. Sentarse a charlar con los compañeros de trabajo. Vocalizar y tratar de recordar cómo era conseguir altura, aflojar la garganta.

En eso estamos y surge una nueva posibilidad. Mi hermana alquiló con su marido e hijos una casita en Uruguay y me invitó a pasar unos días con ellos. En Punta del Este, para ser más específicos; no tan cerca de Montevideo pero más cerca que Buenos Aires.

¿Terminó el verano? ¿O tengo piedra libre para escribirle?¿Abro el paraguas pidiendo permiso? ¿Me lanzo? ¿Lo suelto?

Ay, qué indecisión.

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!

Se acerca fin de año y empiezo a armar el balance anual. Es inevitable revisar todo lo que pasó.

Para resumir, podría decir que este año toqué fondo con toda la depresión de mi vieja. Pero no fue del todo negativo porque me empujó a diferenciarme aún más de ella y focalizar más en mi vida.

Con todas las cosas, el año tiene su brillo: empiezo diciembre con convicción, segura de que lo que quiero hacer es cantar y hacer música. Tomando clases de piano con un nuevo profesor, focalizando en las composiciones y en la posibilidad de grabar un demo semi-profesional en el verano, buscando nuevas fechas…

Y eso me llena de felicidad.

Ayer se aclaró mi cabeza con respecto a mis eternas dudas vocacionales. Tanto estrujarse el cerebro por años resumido en solo dos opciones.

Opción A. Siempre lo intelectual me resultó fácil. Toda la escuela la hice sin ningún problema, hasta demasiado bien diría. La elección de una carrera se veía teñida de cierta obligación a “hacer algo significativo” con mi vida, con mi cerebrito (jeje). De a poco me fui despojando de esas presiones y me di cuenta de que tenía habilidad para todo lo que significara organizar, armar, producir. Incluso comunicar. En esa línea se inscribe la carrera universitaria que estoy haciendo y de lo que estoy trabajando. Incluye, también, la idea de producir cosas audiovisuales. Es algo con lo que probablemente podría vivir, pero no me produce ningún tipo de miedo al fracaso. Es decir, que ser exitosa en eso significaría una felicidad totalmente parcial y fragmentada; que el techo ya lo conozco y tampoco me produce demasiadas ilusiones.

Opción B. Hace unos 7 años, progresivamente, descubrí una semilla adentro mío. Regándola con amor y bastante miedo por no saber de dónde venía ni a dónde iba, creció de a poquito hasta convertirse en un brote. Ese brote mostraba sus primeros colores: emocionalidad, sinceridad, obstáculos, creatividad, conexión, hasta incluso espiritualidad. Seguía asustándome y atrayéndome, como la bola mágica de un adivino. Eso es la música en mi vida. Un desafío, un terreno virgen y desconocido, un camino de muchos obstáculos pero de muchas posibles satisfacciones.

Si muriese mañana, ¿por cuál lamentaría no haber apostado? La opción A es una herramienta, un ¿don? que debo saber que tengo para sobrevivir… pero mi vocación, mi llamado interno, mi deseo va por la segunda.

Hacía tiempo que no tenía un día tan bueno como el de hoy. Quizás arranqué con otras ganas porque sabía que me esperaban cosas placenteras, o quizás directamente me tocaba día bueno.

A pesar de la lluvia, me levanté temprano. Fui a canto a vocalizar y grabar unas voces para una muestra que estamos armando. Con tres compañeras estamos armando una versión de Mr Sandman (insertada a continuación). Quedamos tan contentas (contentos, en realidad: el profesor incluído) que se nos ocurrió preparar un repertorio para eventos con todas canciones dentro del estilo.

Más tarde, fui a lo de mi bajista a grabarle otras voces para un disco de covers que le está armando a su novia (es un dulce de leche). Aunque los resultados no fueron los mejoooooooores, fue positivo porque nos motivó a seguir estudiando y mejorando.

Creo que esto es lo que quiero hacer. Quiero cantar, hacer música, armar música. Tengo curiosidad de otras cosas, claro, pero el foco de mi actividad o de mi felicidad para por ahí.

(Y por producir audiovisuales, quizás.)

Hoy, como algunas otras veces, tengo una sensación de extrañamiento con mi propia vida.

Me di cuenta de que hace mucho que no sonrío genuinamente. Entonces, dudo de absolutamente todo, de todas mis decisiones en todos los ámbitos.

Intento desarmar cualquier plan, cualquier concepto e imagen de mí misma, para buscar un deseo, una gana, un impulso. Y me angustio al no encontrar ninguno o no encontrar los que esperaba y/o suponía que movilizaban mi vida.

Algunos puntos están claros: irme a vivir sola el año que viene, por ejemplo, y consecuentemente, trabajar. Otros, los referidos a lo vocacional, se vuelven borrosos demostrando que son intermitentes en mi vida.

Me quiero curar de la faringitis que se transformó en una infección y empezar a meditar.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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