El diario de la Señorita Kadbury

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Mientras me acostumbro a esta nueva realidad laboral, en que soy aún más free lance que antes, empiezo a disfrutar de ciertos resultados del trabajo hecho. Este fin de semana, coseché otro bombón gracias al trabajo (el anterior fue el del jueves santo, el actor devenido en músico).

Pero este otro bombón, cuyo nombre de pila es el mismo que el del anterior) me gusta en serio. Quiero conocerlo de verdad, ir al cine, presentarlo a la familia. Fueron solo unos besos en una fiesta a la que fui especialmente a buscarlo. Llegué, lo vi, lo saludé y me escabullí paralizada. Solo me pasa eso cuando alguien me gusta de verdad.

Los que tocaban en la parte de adelante de Niceto no me gustaron mucho (son todos amigos de este chico). Pero después me enteré de que tocaba una banda que me encanta en la parte de atrás y cuando me crucé al susodicho, le dije. Vino un ratito, pero la banda no arrancaba, fuimos hasta el vestidor a ver si podíamos dejar sus cosas con las mías pero no funcionó. En el camino de vuelta, se encontró con amigos y yo seguí hasta el final, sola. Empezó la banda y le mandé un mensaje de texto “te la estás perdiendo!”. Vino, escuchó, bailó, charló (descubro su timidez y leve inseguridad). Decido irme dado la hora, voy a buscar mis cosas, vuelvo a despedirle. PAF, me encaja un beso. Beso, beso, beso, me tengo que ir, veamosnos estos días. Llego a mi casa, mensajes para reafirmar mi deseo de verlo y correr su inseguridad. Bien recibidos.

Desde entonces espero que me invite a salir o el tiempo prudencial para invitarlo yo. Y mientras tanto, estoy viendo si acepto la propuesta del actordevenidoenmúsico: pasar este domingo de lluvia gris juntos…

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Este año hice desastres. La angustia por todas las distintas situaciones me hicieron engordar. Encima, por todos los cambios de trabajos, los horarios raros y mi vagancia no tuve constancia con ninguna actividad física.

Hace 3 semanas que estoy yendo a correr, pero eso no alcanza. Necesito dieta e internarme en un gimnasio. No quiero ser perfecta: solo tener menos panza y piernas un poco más tonificadas y no tan redondas.

Creo que por eso me siento con el autoestima baja y le huyo a tener relaciones sexuales con distintas personas.

A ejercitar urgente e ir a la psicóloga, que por suerte volvió de viaje.

Si hay algo por lo que NO me caracterizo, es por saber armar jugadas a largo plazo. Siempre pierdo al jugar a las damas. Soy malísima anticipándome a los efectos dominó de mis acciones.

Así ocurrió esta noche.

Voy a un recital de un chico que me gustaba hace mucho tiempo. Como me anotó en la lista para entrar sin cargo,  supuse que quizás había alguna otra intención, luego de numerosas obviedades mías a lo largo de estos últimos años.

La amiga acompañante decidió no darle más de 25 minutos de changüí post-show para que viniera a saludar. Como eso no ocurrió, nos fuimos. Yo un poco cabizbaja, tratando de que no fuera aún el momento de regresar a casa.

Una amiga a la que había pasado a visitar horas antes me dijo que se le había llenado la casa, que si quisiera sumarme al montón que fuera.

A mi acompañante no le entusiasmó mucho el plan y así fue como en un santiamén quedé rodeada de gente de Río Gallegos, con sus anécdotas y regionalismos que me excluían.

Un solo chico me pareció más o menos lindo, pero no entendía si estaba con una de las chicas o no. Decido irme en taxi, como buena pequebú que soy, y en la puerta él dice que va para el mismo lado.

Al principio, él manejaba la charla y, como noté un mínimo interés, me rebalsé hablando y contando detalles. El muchacho se baja y cuando estoy llegando a casa decido preguntarle al taxista su opinión. “Yo soy turco, me va bien con las mujeres”, empezó, “y me parece que estaba todo bien pero quizás para otra cosa.” Mi no entender. “Claro, que quizás a él le daba para estar una noche y después ver qué onda. Estaba claro que vos estabas dispuesta” “Entregada, querrás decir” “Bueno, no quería ser tan obvio, pero sí. Igual está bien, si algo te gusta, tenés que decirlo.” “Pero garpa más el misterio, ¿no?” “Y, un poco. Desconcierta que te dejen sin saber.”

Si hubiese sido un poco menos bocona, probablemente el chico hubiese quedado más interesado. Ahora no sé qué chances tengo de que vuelva a aparecer. Creo que nulas. Por ansiosa.

Con mi mejor amigo tenemos una teoría: los occidentales creemos que la felicidad se alcanza marcando con un tic determinados casilleros. Casilleros como “trabajo”, “Salud”, “familia”, “amor”. En nuestra teoría, si uno de los casilleros está sin marcar, la felicidad no existe. Si tenemos todos marcados, deberíamos ser felices.

Esta teoría no me cierra porque, para mí, la felicidad no significa eso, no es un lugar al que llegamos. Yo creo que la felicidad son pequeños momentos de puro disfrute del presente.

Lo que sí rescato de esta teoría es que hay algo de esa ansiedad por tapar agujeros o marcar casilleros en nuestro accionar cotidiano. Apenas resolvemos algún aspecto (como por ejemplo, mi nuevo trabajo), empezamos a buscar cuál es el otro área por llenar (amor).

En parte, el deseo funciona por la carencia y no hay con qué darle; pero por otra parte, no quiero que esa necesidad constante de marcar casilleros me impida frenar un segundo y reflexionar-agradecer-contemplar-disfrutar los pequeños pasos que voy dando.

Es mi meta de la semana: disfrutar de mi nuevo trabajo, su ambiente dinámico y divertido, los compañeros, el contacto con la gente y no amargarme (aún) por mi soledad.

Soy una boba: el chico nuevo me expuso todos sus mecanimos al decirme que le cerraba la teoría de Lacan, del objeto de deseo inalcanzable y yo lo que hago es entregarme con moño y todo. Bobísima.

Con razón ahora tarda en mandarme los mensajes y ni siquiera le pone tanta onda como la primera o segunda semana.

O quizás le asustó la exposición que hice de las ventajas de estar sola, las ventajas de las historias insignificantes después de cortar para valorar alguna buena que aparezca.

Me estoy estrujando la cabeza pensando maneras de recuperar su interés. Por ahora, solo esperar.

(escena de una de las pelis más raras y lindas que vi en mi vida)

  1. Ir el sábado a la noche a una fiesta -horrible- y cruzarse al 50% de los hombres con los que tuviste relaciones. (Nota mental: no cogerme a más chicos judíos de mi secundaria, salvo al actual)
  2. Despertar el domingo y que sea un día lluvioso
  3. Que tu madre esté en la cama, postrada, angustiada por su situación de salud que tampoco es tan grave. Y que encima te diga “me preocupo por tu padre, que aún no ha comido nada”.
  4. Que llegue tu madrina y se ponga a hablar con tu padre de lo difícil que es subsistir económicamente en este país y en este momento. (ellos, que tienen más de 50 años y la vida más o menos “solucionada”, sin un abanico infinito de posibilidades)
  5. Que tu padre te diga que ganarías más dinero como cosmiatra o cosmetóloga que con cualquier otra cosa que emprendas.

Si viviera sola, sería un peligro.

El chico nuevo ya habría recibido un mensaje que lo invitara a dormir conmigo en esta noche fría con casi aguanieve. Lo recibiría con mis calzas coloridas que me puse debajo del jean, las medias estampadas de preski, los anteojos más ñoños.

Probablemente tendría un vino sobre la mesa, algunas pelis, luces tenues, música tranquila sonando. Charlaríamos un poco de nuestro día y antes de empezar a besarnos, nos fundiríamos por el cansancio en un abrazo tibio.

Anoche estuvimos desvelados. Entre besos y sexo, me fue contando toda su historia con las drogas (me persiguen los ¿ex? drogadictos). Si no fuera por el tono avergonzado con el que hablaba, que mostraba un hilo de temor a que deje de gustarme, me hubiese ahuyentado completamente.

Cuando cogimos, no pude acabar porque me cerré emocionalmente. Me di cuenta de que estaba sensibilizando, que me estaban pasando cosas y me estaba empezando a asustar. Miedo a abrirme y salir lastimada.

Eran las 12 del mediodía, aún sin dormir, y yo no me quería ir. La estaba pasando muy bien.

Me gustaría vivir sola. Y que él estuviera tocando timbre ahora mismo.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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