El diario de la Señorita Kadbury

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Donde estuve, donde estoy, donde quiero estar. ¿Dónde? La magnitud del universo…… pensar en la multidireccionalidad de mi cuerpo y mi ser.

Diciembre concluyó en Tigre, al día siguiente de conocer a una persona muy bella que mutó de posible amor a chongo a actual alumno de canto.

Enero fue caótico, cansador… y la novedad: mi profesor de canto me derivó a uno de sus alumnos (este vino primero que el que nombré más arriba).

Febrero se acomodó un poquito, pero hubo golpes fuertes: enfermedades, despedidas, desilusiones.

Marzo comenzó cabreado, desorientador. Ya casi a su cierre, viene con todo, hermoso a su manera. Cosas que se acomodan y que se entienden, palpan, viven… Como algo natural. Cosas a afrontar siempre hay y habrán, y la flexibilidad y energía para superarlas también se ejercitan. En eso estamos.

Recibirme, cumplir con el tan arraigado mandato familiar y social.

Tercera temporada (con capítulos muy esporádicos) con el muchacho del crédito precancelable: vueltas.

Trabajo nuevo con pros y contras, aún en definición. Cada vez más cerca de mi verdadera vocación.

Me fui de la fiesta de fin de año de mi trabajo anterior con aquel muchacho que me gusta desde febrero de este año (aunque por Abril dije que no quería que me gustara más https://sritakadbury.wordpress.com/2011/04/21/volvi/ ). Aún no sé qué significó todo ese domingo desnudos, no sé qué siento ni qué siente ni a dónde iremos a parar. Solo sé que quiero más.

Tras mucho refunfuñar – alrededor de unos 7 meses -, me dispuse a escribir el informe de investigación sobre las orquestas de improvisación dirigida de Buenos Aires. Pude comenzar gracias al alumbramiento de ver una tesina de una amiga: me bloqueaba no tener un índice tentativo que organizara mi escritura.

Así fue como la mañana del jueves pasado, a una semana y unas horas de la entrega final, entendí qué era lo que estaba produciendo. La entrevista a un director, que había tomado el sábado anterior, me tenía entusiasmada; pero la motivación se deshacía con la intangibilidad de mis conocimientos adquiridos a lo largo de estos meses de lento trabajo y con el silencio por parte de una personalidad a quien quería entrevistar.

Fui a clase con mi confusión y mi acalorado índice tentativo. Había susto en las miradas de mis profesores, pero yo estaba contenta. Recién hoy domingo (ayer hice otra entrevista) pude comenzar a redactar y mi exaltación es creciente. Ver un producto, propio, personal, sincero.

Me siento motivada. Y, a la vez, fue el día en que más melodías se me ocurrieron, pude armonizar aunque sea básicamente una canción que tenía en mente… ¿Dos caras de una misma moneda? ¿Tendré que dejar de debatirme y confiar en que voy a hacer las dos?

No puedo dejar de lado lo teórico: hay textos e ideas que me alimentan y sustentan. También hay muchos que me destiñen, pero ahora me siento más consistente conmigo misma, ergo más capaz de distinguir esas voces que no vibran con la mía.

 

Se acerca un “Licenciada” antes de mi nombre y quiero merecerlo.

Hoy rendí mi último parcial de la carrera. Solo me quedan 3 trabajos/monografías por entregar y termino. La sensación es rarísima. Estuve todo el fin de semana triste, sintiendo bronca conmigo misma por haber desestimado mi deseo hace ya algunos años. Ayer, entre lágrimas, me pedí perdón y me perdoné. Entendí que toma tiempo juntar coraje y que es una alegría haber entendido para dónde encarar mi búsqueda.

A modo de homenaje y agradecimiento, acá comparto un discurso magnífico (muy relacionado con lo de arriba) que dio Steve Jobs, creador de las computadoras MAC , y que a mí me sirvió mucho.

Cambiando de tema, este fin de semana veo al Lobo, supuestamente. Estoy tan tranquila con la decisión que me sorprendo a mí misma. Sí, sé que corro riesgos de engancharme de vuelta… pero también corro el riesgo de pasarla bien un rato.

Por ahora, solo me voy a acostar en la oscuridad a escuchar el último disco de bjork online desde este link –> http://www.npr.org/player/v2/mediaPlayer.html?action=1&t=1&islist=false&id=140926565&m=141048285

 

 

 

 

 

 

Los meses de sequía masculina son raros. Ya se sabe que, a pesar de sentirse sola/o, una/o puede focalizar en su vida, resolver asuntos pendientes, estudiar, cambiar, etc sin distracciones.

Desde esta sensación de estabilidad (que debe ser solo comparable con un momento calmo de una buena relación comprometida) me conmuevo al toparme con textos, videos, conceptos, música, ideas, personas que siento fundamentales para mi vida.

Acá va uno, que considero clave  hace más de un año:

– Quiero disfrutar a fondo de lo que me gusta. No quedarme con las ganas de más.

– Si bien está bueno algo de coquetería (y querer bajar 4 kgs), a la hora de cantar/tocar lo que importa es cómo suene.

– Todavía no terminó de emerger de mí lo que quiero hacer musicalmente, aunque sí a nivel laboral: sé que toca la música y la educación, pero todavía desconozco el formato que tendrá. 🙂

– Tengo que dejar de luchar con la carrera simplemente porque no voy a ejercer de crítica. Tengo que sentarme y terminarla, no queda nada y es un título que me va a servir.

– Me hace bien tirar todo lo que ya no necesito ni quiero y guardo “por las dudas”.

– Shimmy no es para mí. Pide disculpas por chat un viernes a la noche y ni siquiera puede explicar por qué se disculpa.

– El lobo todavía no me contactó. Cagón.

Creo que uno de los pasos más grandes que estoy dando en los últimos años consiste en asumirme (hacerme cargo, reconocerme) a mí misma. Busco siempre la unión entre lo que hago, digo y siento. No siempre lo logro, pero el objetivo está.

Al decidir que lo mío es la música y que quiero terminar la Licenciatura cuanto antes (¡me quedan sólo 3 materias!), fue lógico sentir que el trabajo me dispersaba innecesariamente. Hablarlo con mis padres y tener su apoyo no solo a nivel económico fue muy, muy emotivo.

Así que aquí estoy, empezando mi última primera semana de clases (al menos en esta carrera). Con ganas de hacerla sin abandonar mis espacios propios con la música (canto, piano, ¡clown!).

Uno de los puntapiés a este cambio ocurrió en una de mis clases de piano: mi maestro me preguntó si me interesaba darle clases a una nena de 8 años. Le dije que sí, asustada e insegura. Llegué a casa y me puse a leer “Las bases psicológicas de la educación musical” (E. Willems) y encontré el marco de referencia para lo que creo una de las tareas que más me gratificarían a nivel laboral: despertar la musicalidad, la paciencia y el amor por lo que uno hace; abrir la percepción y abrirse el juego.

Ahí me di cuenta: encontré un camino. Desconozco aún qué forma(ción) tendrá, qué ya tengo, etc… pero estoy motivada, alegre y tranquila conmigo misma. Creo que por primera vez no siento ningún tipo de traición hacia mí misma.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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