El diario de la Señorita Kadbury

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Últimamente siento ganas de abrir mi corazón asustadizo. No lo logro todo el tiempo, pero de a poco voy descubriendo esas cositas que me ayudan y quiero compartirlas o al menos anotarlas por si en algún momento me olvido:

– Cocinar algo con tiempo y amor

– Escuchar un disco entero

– Ordenar y/o limpiar y que quede todo lindo

– Aprender una canción nueva que me emocione

– Recordar que el canto es un regalo al que escucha, salga como salga

– Caminar o andar en bici con o sin destino, pero a pura respiración profunda

– Invocar

– Mover el cuerpo

Obvio que no todo funciona siempre, pero hasta ahora alguna vez me sirvió.

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Convivir con los padres (y asumo que con gente en general) es, entre muchas otras cosas, como tener espectadores de la vida de uno. Y últimamente los míos han observado con asombro y casi asco el caos de ropa, objetos, papeles, libros y demases que tengo alrededor.

Se quejan un poco, aconsejan otro poco. Intentan transmitirme lo que a ellos les sirve para alcanzar la paz: “el orden afuera ordena adentro”, dicen. Yo les explico de mil y un maneras que estoy en un proceso, que no lo puedo apurar. No es que está todo igual, hay cositas que van cambiando día a día: hoy ordené mis partituras, ayer ordené (y tiré) agendas viejas. De a poco, tal como ocurre adentro. Un día descubro que puedo un poquito más acá, a la semana me doy cuenta de que me cuesta esto otro y así.

Yo entiendo su ansiedad (y las mías), pero estoy buscando mi propio ritmo interno y focalizando en lo que de verdad necesito. Así fue como decidí dejar pilates y buscar un lugar de yoga, cuyos horarios me dejen mañanas libres para estudiar o hacer otras cosas. También me llevó a replantearme si quiero seguir con clown o no, pues si bien aprendo conceptos interesantes sobre estar frente a otros que te miran, todavía no tuve mucha posibilidad de entrenarlo y disfrutarlo (y sumemosle que tener ocupados los sábados a la tarde tampoco es lo más divertido del mundo). Por otra parte, tuve una entrevista con una genia de la macrobiótica y pedí turno con hematólogos para intentar resolver de una vez por todas mi anemia y sentirme más y más plena. De a un apunte por vez, voy avanzando con la facultad, deseosa de terminar disfrutando al máximo los últimos momentos.

En fin, en eso andamos…

Creo que uno de los pasos más grandes que estoy dando en los últimos años consiste en asumirme (hacerme cargo, reconocerme) a mí misma. Busco siempre la unión entre lo que hago, digo y siento. No siempre lo logro, pero el objetivo está.

Al decidir que lo mío es la música y que quiero terminar la Licenciatura cuanto antes (¡me quedan sólo 3 materias!), fue lógico sentir que el trabajo me dispersaba innecesariamente. Hablarlo con mis padres y tener su apoyo no solo a nivel económico fue muy, muy emotivo.

Así que aquí estoy, empezando mi última primera semana de clases (al menos en esta carrera). Con ganas de hacerla sin abandonar mis espacios propios con la música (canto, piano, ¡clown!).

Uno de los puntapiés a este cambio ocurrió en una de mis clases de piano: mi maestro me preguntó si me interesaba darle clases a una nena de 8 años. Le dije que sí, asustada e insegura. Llegué a casa y me puse a leer “Las bases psicológicas de la educación musical” (E. Willems) y encontré el marco de referencia para lo que creo una de las tareas que más me gratificarían a nivel laboral: despertar la musicalidad, la paciencia y el amor por lo que uno hace; abrir la percepción y abrirse el juego.

Ahí me di cuenta: encontré un camino. Desconozco aún qué forma(ción) tendrá, qué ya tengo, etc… pero estoy motivada, alegre y tranquila conmigo misma. Creo que por primera vez no siento ningún tipo de traición hacia mí misma.

A veces creo que las personas aparecen por un motivo en la vida de una. Aparecen en el momento (menos) indicado. Te incomodan, te muestran con brusquedad o sutileza algo que uno intenta no ver.

Y así ocurre con el muchacho que conocí el sábado en la calle, a la salida de un recital. Tres chicas por un lado y dos chicos por otro emprenden caminata para el mismo lado y terminan hablando una hora en una esquina (sí, con mucho frío!!). Rubros similares de trabajo generan intercambio de tarjetas en los primeros 15 minutos.

Lunes a la mañana, facebook. Lunes a la tarde, mensajitos de texto. Miércoles concretamos cita. Lo paso a buscar y vamos a cenar. Él advertido de mis humores tremendos por toda esta situación de cambio y de muchísimas dudas.

Pero ya en el postre lo vi claramente: este muchacho aparecía para enseñarme algo. A darme el último empujoncito en este cambio que quiero hacer.

En esos 5 días con mis hermanos descubrí muchas cosas sobre mí y sobre mi familia o la gente en general.

Descubrí que con la llegada del bebé, la relación de mi hermana devenida madre conmigo y con mi otro hermano menguó. En cada conversación se notaba que ella estaba claramente desactualizada de nuestras vidas. “¿Quién es fulano?” “¿Cuándo te pasó eso?” Y pero siempre algo (generalmente, el bebé) interrumpía. Nunca se retomaba el hilo de la conversación y ni mi hermano ni yo pudimos contar mucho.

Además me di cuenta de que me agarra mucha inseguridad sobre mí misma cuando estoy con ellos. Por un lado, decidí que quiero dejar de estar rellenita pero sin torturarme. Y por otro, me llevó a pensar en qué quiero ser vocacionalmente, cómo quiero definirme dentro de esta sociedad (y en esta familia) y no tardé en recordar aquella semana “ideal” que había trazado una noche de insomnio. Conclusión: al día siguiente de llegar me anoté en el gimnasio, hice el trámite para pasarme a Psicología y empecé a ir de oyente a las clases que mi profesor de canto le da a otros alumnos. Estoy muy contenta. Siento que estoy eligiendo quién quiero ser y me estoy haciendo cargo. Me falta encontrarle la vuelta a lo económico para mientras tanto, pero el tiempo me ayudará.

Luego de un largo tiempo lleno de dudas, sintiendo que me hacían perder el eje, me hacían valer menos y, sin duda, me provocaban mucho sufrimiento; había llegado a el momento de decidir dedicarme a la música sin más ni menos, con ánimos de crecer como artista.

Esa certeza duró varios meses y hoy, todavía, no la pongo en duda. Sigo queriendo desarrollarme en esa área. Sin embargo, me volvió a picar el bichito. En una clase de canto que yo estaba muy preguntona sobre los demás, mi maestro me dijo que me veía. Al día siguiente, en el trabajo, un compañero me preguntó cuándo iba a empezar la carrera. Como parte de mi trabajo, hago mucho scouting (abordar gente en la calle para preguntarle si quiere participar en publicidad) y me doy cuenta de que me encanta hablar con ellos. Así vuelvo a la pregunta, pero sin sufrimiento: ¿la psicología es mi vocación?

Quizás son dos centros internos míos que se alimentan y potencian entre sí. Lo cierto es que mi prioridad, hoy, es terminar esta carrera que estoy haciendo. Y es menester que me vaya a vivir sola. Así que me tomo todo el 2011 para pensarlo con tranquilidad (y para bajar 4 kgs), mientras sigo con otras cosas.

¡Feliz navidad a todos!

Este año hice desastres. La angustia por todas las distintas situaciones me hicieron engordar. Encima, por todos los cambios de trabajos, los horarios raros y mi vagancia no tuve constancia con ninguna actividad física.

Hace 3 semanas que estoy yendo a correr, pero eso no alcanza. Necesito dieta e internarme en un gimnasio. No quiero ser perfecta: solo tener menos panza y piernas un poco más tonificadas y no tan redondas.

Creo que por eso me siento con el autoestima baja y le huyo a tener relaciones sexuales con distintas personas.

A ejercitar urgente e ir a la psicóloga, que por suerte volvió de viaje.


Manifiesto

Entre dudas existenciales, crisis vocacionales, amigas, amigos, chongos, novios, potenciales, ex-novios, amor, sexo, música, exámenes y más dudas existenciales, les escribe la Srita. Kadbury. Esta fanática del chocolate y los tés especiales, cuenta un poco de lo que va percibiendo adentro y fuera de sí. Atenti...

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